Esto sucedió en el Torneo Apertura ’08, Boca – Racing, en la Bombonera. Los dirigidos por Carlos Ischia debían ganar para mantenerse arriba en la pelea por el título, y todo venía saliendo de a cuerdo al plan. Un penal en el primer tiempo, le dio la oportunidad a Román de abrir el marcador desde los 12 pasos ante el exarquero de Boca, Pablo Migliore. Lo miró, apuntó, disparó y lo festejó de cara a La 12, abrazándose con cada uno de sus compañeros. El problema, fue que a los pocos minutos y después de un córner de la derecha, Franco Sosa se elevó para convertir de cabeza e igualar el encuentro al finalizar el primer tiempo.

El comienzo del complemento no fue el mejor para Boca. El equipo tambaleaba, no proponía, y Román, a pesar del gol, no terminaba de deslumbrar como nos tenía acostumbrados. Hasta que pasó. La pelota le quedó y la mandó a guardar de una volea formidable. Sus compañeros fueron a abrazarlo y a festejar el gol con él; sin embargo, Román se dirigió con tranquilidad hacia las plateas. ¿A dónde fue? A dedicárselo a un plateísta que celebraba el gol junto a los demás. “¡Gritá el gol ahora!”, le dijo Román, señalándolo, generando el asombro de todos los presentes. El joven, llamado Agustín Pozzetti, negaba con las manos el hecho, ya que otros hinchas comenzaron a increparlo, y tuvo que ser retirado a otro sector.

Al terminar el partido, los periodistas se abalanzaron encima del “10” de Boca y le preguntaron por qué la dedicación a aquel muchacho que no conocía. “No, no pasa nada. Estaba un poco nervioso él. Era un chico, tenía 14 años. Me venía insultando, venía insultando al equipo, y nada, le dije que gritara el gol ahora”. Lo que Román no sabía era que esto recién comenzaba.

La denuncia

Días después de lo sucedido, el Fiscal General Luis Cevasco actuó de oficio y contó que se estaban “iniciando las actuaciones. La investigación tiene aspectos subjetivos que hay que valorar. Se violaron dos normas el articulo 99 (afectar el desarrollo normal de un espectáculo) y el 101 (incitación a la violencia). Son contravenciones y tiene sanciones de multas y arrestos. Hay que establecer cuál fue la conducta real, cuál fue el motivo”. Además, explicó que contaban “con la prueba fílmica, de vital importancia. Pero necesitamos contar con testimonios de gente que haya estado en las inmediaciones. Es fácil de ubicar porque se trata de una platea a la que van socios”.

En ese momento, se especulaba que el enganche de Boca debiera de pagar con un acto a beneficio de una entidad pública, a lo que el fiscal aclaró: “La sanción prevista por el artículo 99, que sería de 600 a los 1.000 pesos o diez días de arresto. Probablemente se puede llegar a una solución alternativa. Pero dependerá del curso de la investigación”.

La declaración

“Me causa risa que hablen de una posible sanción. Esto es una bo… No le hice nada malo a nadie. No maté a nadie. Con las cosas importantes que pasan en el país, que se hable de esto… Es increíble. A mí me secuestraron un hermano y todavía no pasó nada de nada”, fueron las primeras declaraciones de Riquelme ante la prensa cuando se le preguntó por el hecho. Más tarde, el enganche dijo que ningún fiscal lo llamó, pero sabía que se habían comunicado con las autoridades del club. “Si me citan a declarar voy a explicar lo mismo que dije desde el primer momento. El chico estaba en una zona de las más caras, pero eso no le da derecho a insultar a nadie o de agarrarse los testículos. Si es hincha de Boca no sé por qué insulta a los jugadores. Si me lo cruzo no sé quién es, no lo conozco”, continuó.

A los pocos días, Román fue llamado a declarar ante la justicia el mismo día que Boca arrancó a jugar el triangular por el título ante San Lorenzo y Tigre, que luego lo coronaría campeón. En esa situación, el “10” dijo que “si el chico es de Boca no tendría que ir a insultar (…) Secuestraron a mi hermano y nunca nadie hizo nada. Corrí hasta ese lugar a decirle al chiquito que hostigaba que se deje insultar y que grite el gol, estaba en una platea muy cara que seguramente a los padres les costó mucho pagarla y no tiene que ir a pegarle a los jugadores, porque esto es un trabajo para nosotros y tratamos de hacerlo lo mejor posible”.

Asimismo, la polémica fue tal, que el entrenador de Boca, Carlos Ischia, siempre alejado y ajeno a estas cuestiones, salió a dar su versión: “No me di cuenta en ese momento, porque festejé y me puse a hablar inmediatamente con Angel Celoria (su asistente de aquel entonces). Después alguien me comentó. No es lindo que te insulten”.

El final

Así terminó todo: la condena quedó en suspenso, Román no tuvo más problemas con la justicia, y hoy en día, es una anécdota colorida de la historia de nuestro fútbol. ¿Qué pasó con el chico? Simplemente pasaron sus minutos de fama, y años más tarde intentó falsificar una credencial de prensa para colarse a un evento de tenis en el Buenos Aires Lawn Tenis Club, que lo dejó con una causa en su contra y una multa a pagar.