En el barrio humilde de Merlo, ubicado en el Gran Buenos Aires, una joven de tan solo 17 años traía al mundo a un ser que tenía su destino ya trazado: conquistar Sudamérica. No le gustaba el fútbol, lo manifestó en reiteradas ocasiones, pero su habilidad con la esfera de cuero le otorgó una posibilidad difícil de despachar. Ser profesional de la pelota le otorgaría a él y a su entorno la posibilidad de crecer desde lo humano y lo monetario. Es así que el Napoleón argentino emprendió un periplo lleno de alegrías y frustraciones, pero que no pasó por este mundo de forma desapercibida.

Su debut en la primera división del fútbol argentino fue con la franja roja cruzada en el pecho, en el encuentro en el que River venció a Newell’s por 2-0 el 18 de abril de 1993 con unos escasos 17 años. Si, misma edad en la que su madre lo vio por primera vez. Su primer año lo tuvo en escasas apariciones dentro del terreno del juego, cuatro para ser más específicos, pero cuando Américo Rubén Gallego le dio la posibilidad de disputar más encuentros al año siguiente, el conjunto Millonario terminó campeón del Apertura y con Enzo Francescoli, gran secuaz del Muñeco en otra etapa de su vida, como goleador del certamen.

Luego de varias temporadas en las que vislumbró al hincha riverplatense y deleitó a todos los argentinos con grandes actuaciones con la bandera argentina, partió hacia Francia, lugar de origen del gran Napoleón Bonaparte para aprender de su vida y sus victorias en batalla y luego retornar a tierras argentinas para imitarlo. En su estadía en el Viejo Continente, siempre prefirió estar en el país de su personaje a seguir, es por eso que en primera instancia fue Mónaco quien lo vio brillar y luego la capital parisina. En su retorno a Argentina, siguió ganando adeptos y títulos, siempre con River. Amor eterno hacia el club que le dio la posibilidad de incursionar en el mundo del fútbol.

Antes de despedirse finalmente del club de sus amores, partió hacia América del Norte y posteriormente al último paso en el Millonario, eligió desplegar su categoría en Uruguay, con la intensión oculta de que los fanáticos del conjunto argentino no vieran como su estrella se apagaba. Pero antes de culminar el brillo, el Muñeco se reinventó, con todo lo aprendido en Francia sobre Napoleón y conquistó el país oriental a cargo de Nacional de Montevideo. Obviamente, y recomendado por Francescoli, el próximo desafío sería conquistar Sudamérica con River Plate. Y vaya si lo logró: el primer año dio su primer batalla importante y logró la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana. Luego de haber tenido un año de reconocimiento del territorio, logró su cometido y se coronó campeón de la Copa Libertadores. Si bien cometió el mismo error que su profesor, intentar conquistar el mundo, Gallardo no se dará por vencido e intentará lograrlo una vez más.