Los homenajes se hacen en vida, claro que sí, y el propio Norberto Alonso es consciente de lo que genera en los hinchas y de cada logro que supo cosechas con la banda roja en el pecho. Pero el que más orgullo le genera fue su actuación aquél 4 de abril de 1986, en la Bombonera: “Lo recuerdo con mucha alegría… Me acuerdo que cuando entramos a la cancha cayó una barra de hielo arriba del micro. Pensaban que nos iban a amedrentar. Nos metimos en el vestuario y organizamos cómo dar la vuelta. De arriba nos tiraban de todo y ya al entrar yo me iba puteando con los alcanzapelotas, que eran de la barra. Hay que tenerlos bien grandes. Nosotros dimos esa vuelta olímpica por todos los hinchas que habían ido a ver al equipo. No los podíamos defraudar”.

No hace falta enumerar la pasión que le imprime cada choque entre los más poderosos del fútbol argentino y lo picante que se vive el ambiente fuera del campo de juego. Incluso, el plantel tuvo que lidiar con órdenes que supieron ignorar con mucha rebeldía. “Me acuerdo de cosas como el telegrama para que no diéramos la vuelta olímpica. Nosotros nos reunimos en la habitación del ‘Cabezón’ Ruggeri y votamos dar la vuelta. Ya habíamos ganado el campeonato, no sé por qué no la podríamos haber dado. Eso sí, sacamos a los dirigentes y al cuerpo técnico porque no queríamos comprometerlos: lo debíamos resolver los jugadores. A mí me iban a sacar con las patas para adelante de la cancha de Boca, pero yo iba a dar la vuelta olímpica. Aquel era un equipo que iba al frente en todos lados, lo digo con mucha admiración”, pisó fuerte al evocar el espíritu dentro del vestuario.

Del modo que acostumbra, con la voz enérgica y el pecho inflado, el “Beto” detalló las jugadas que silenciaron un verdadero hervidero. “Ellos pensaban que nos íbamos a cagar, pero ese equipo no se cagaba. Ese partido tuvo varios ingredientes, como la pelota naranja, la vuelta y mis dos goles. Igual, yo siempre iba a cancha de Boca a intentar ganar. Como en el ‘75, que los derrotamos 2 a 1 con un gol mío y otro de Morete. Les dimos un baile… Pero el del ‘86 fue el clásico soñado. Y tuvo la jugada soñada: llega el centro de Alfaro por una falta al ‘Negro’ Enrique, entro por atrás de todos los defensores y con la frente la clavo en el segundo palo. Perdieron las marcas y yo dije: ‘Chau, murieron’. Y después, viene el tiro libre, que Morresi me lo intentó discutir… Le pego y rebota en la muñeca de uno en la barrera (Roberto Passucci) y se mete. Iba al ángulo”, agregó.

De hecho comentó que un compañero intentó sumarse al primer festejo, pero su mente solo estaba en la tribuna visitante. “Ruggeri me quería abrazar y yo me quería besar la camiseta y gritarlo bien fuerte. Lo grité con mucha bronca ese gol, por todas las cosas que hicieron. Me importaba nada si me tiraban algo: es más, no sé si me tiraron. Yo quería trepar el alambrado, meterme en la tribuna y abrazar a todos los hinchas de River que habían ido. Estaba muy emocionado. Sabíamos cómo jugarle a Boca desde Inferiores. A veces venían y me pegaban una patada. ¿Quién me iba a pegar una patada? Yo venía de Los Polvorines, de jugar con los grandes, por plata. ¿Me iba a cagar contra estos muchachos? Naa, no me cagué en ningún estadio”, cerró emocionado con Olé.