El trueque que depositará a Miralem Pjanic en el vestuario culé tiene al brasileño como moneda de cambio, más allá de que su relación con el club no es para nada buena. De repente, optó por irse a Brasil y no presentarse a los entrenamientos. El futbolista quiere rescindir el mes de contrato que le queda y el Barça ya estudia las medidas legales para sancionarlo, cueste lo que cueste.

Llegó a la Ciudad Condal en julio de 2018, proveniente de Gremio, y se lo consideró el nuevo Xavi, pero la adaptación de 44 partidos no tuvo el resultado esperado, por lo que la dirigencia aceptó transferirlo a cambio del bosnio más dinero.

En todo momento, el volante de 23 años manifestó sus ganas de quedarse a pelearla pero luego aceptó irse a la “Vecchia Signora”, flamante nonacampeón italiano.

“Hay jugadores que llegan con unas expectativas y no cuajan. No es fácil cambiar a un futbolista cosas que otros entrenadores le han dicho que estaban muy bien”, declaró Quique Setién, entrenador blaugrana, como para evidenciar su salida.

No pudo despedirse de la gente como quería, entre decisiones futbolísticas y otras cuestiones personales, por ende regresó a su país sin permiso para plantar bandera y declararse en rebeldía absoluta. Sus actos tendrán consecuencias y le abrirán un expediente. Al día de hoy, no hay reconciliación amistosa posible. Las dos partes están dispuestas a ir a fondo en la cuestión sin ningún reparo.