El Porvenir supo jugar en la vieja B Nacional pero la desidia dirigencial y varios casos de corrupción lo envolvieron en una durísima realidad que no lo deja despegar. El cuadro de Gerli, en el punto que divide Lanús de Avellaneda, fue protagonista en las últimas semanas por los problemas que las jugadoras de fútbol femenino denunciaron evidenciando la falta de recursos básicos para poder competir.

“La realidad es que ya veníamos organizando este pedido, pero queríamos esperar al último partido para no pasarla todavía peor a lo largo del torneo”, le dijo la capitana del equipo Solange Tarsia a Doble Amarilla. No poseen insumos y necesidades básicas como hidratación, indumentaria deportiva y elementos de trabajo. Además, escasas veces tuvieron acceso a la cancha principal.

Los 8 contratos son divididos por todo el plantel (en este caso, conformado por 18 jugadoras). Pero además, dentro de ese mismo dinero se les descuentan gastos operativos como jornadas de policías, médicos, tratamientos de kinesiología y ambulancias.

En esta línea Tarsia contó que hablaron con el presidente Enrique Merelas quien las amenazó y les dijo “que le hacíamos pasar vergüenza al club, por lo cual daría de baja la actividad. Además, nos dijo que deberíamos dejar nuestros trabajos y dedicarnos a fondo con el fútbol, teniendo en cuenta que algunas cobramos $5.000, otras $3.000 y a otras ni les pagan”.

La desidia institucional también alcanza el plantel masculino, el equipo que pena por no irse a la Primera D tras terminar último en la primera parte del campeonato viene sufriendo la falta de pagos y la situación deportiva se complica cada vez más ya que será muy difícil que pueda traer refuerzos. Pocos son los jugadores que quisieran arribar a un cuadro que no promete pagos, que incumple con sus futbolistas y que tiene la violencia enquistada en los pasillos del club.

Una triste realidad para los hinchas y socios de la institución que deberán hacer mucho para recuperar su senda democrática y participativa.