La cantidad de colombianos que dejó buenos recuerdos en el fútbol argentino es una lista larga, pero los que alcanzaron el pedestal de la gloria no son muchos, al margen de cualidades futbolísticas. Nombrar a Luis Amaranto Perea es sinónimo de una época dorada de Boca, donde el defensor conformó un equipo que puso el mundo a sus pies. Retirado hace seis años de la actividad, confesó sus ganas de ponerse al mando del plantel profesional en algún momento. “Soy hincha de Boca y en el futuro me veo dirigiendo al equipo. Siempre fui un soñador y por suerte la mayoría de las cosas que me propuse pude conseguirlas, así llegué a jugar en clubes importantes”, aclaró.

Surgido en Independiente Medellín y con vasta trayectoria en el “Xeneize”, Atlético de Madrid y Cruz Azul, entre sus logros más recordados se encuentra el Torneo Apertura 2003 y la Copa Intercontinental ante el Milan, bajo la dirección técnica de Carlos Bianchi y con un equipo en el que brillaban Carlos Tevez, Guillermo Barros Schelotto, Marcelo Delgado, Rolando Schiavi, Sebastián Battaglia, Nicolás Burdisso y Roberto Abbondanzieri, entre otros.

A propósito, en diálogo con Super Mitre Deportivo repasó las enseñanzas que le dejó el “Virrey” para implementarlas en el rol de entrenador que el cafetero de 41 años anhela: “De Bianchi me sorprendía la capacidad para analizar al rival, eso generaba mucha confianza porque lo que te decía en lo previo después se cumplía en la cancha. Siempre respaldaba mucho al jugador y eso nos permitía jugar con confianza”.

Actualmente es el ayudante de campo de Julio Comesaña en Junior de Barranquilla, quizás la última escala antes de largarse en soledad a conducir un vestuario. “Boca es sinónimo de intensidad, de estar bajo presión, de alegría, de todo lo bueno que le puede pasar a un jugador. Yo no tuve la suerte de disfrutar como me hubiese gustado, jugué apenas un año, poco tiempo, pero competencias importantes y tengo los mejores recuerdos”, concluyó.