El auténtico, el sincero Marcelo Gallardo, la verdad que es difícil de encontrar. Cuando aparece, desnuda su lado más humano y deja frases de colección que muchas veces invitan a sonreír y nunca abandonan la objetividad. Con el éxtasis que significa levantar un nuevo trofeo, se mostró orgulloso de seguir manteniendo la vara bien alta. “Muy contento, terminar el año así, con todo el esfuerzo que hicieron los jugadores de poder sostenerse. No fue un año fácil para nosotros, había que seguir insistiendo para ver si nos daba para seguir siendo un equipo serio que compita. Me pone muy contento por los jugadores que respondieron de una manera maravillosa, se merecen ir con una alegría y felices a las vacaciones. Con Flamengo fue un golpe duro porque estuvimos ahí y cualquier equipo se podría haber caído. Cualquier rival que teníamos por delante podría haber aprovechado eso y no pasó. Podíamos perder, era normal tener algún traspié como el que pasó con San Lorenzo en nuestra cancha, pero siempre yendo para adelante a buscar los partidos. Fue un año muy meritorio a todo nivel, cumplimos los objetivos con creces”, indicó.

Consiguió su título número 11 (7 internacionales y 4 nacionales) como DT de River en cinco años y medio, lo que da un total de 285 partidos y un promedio de un título cada 26 encuentros. Sí, todos los años gritó campeón. Conocedor de lo que representa para la historia y el lazo que construyó con sus logros, no se olvida de repartir el agradecimiento con todos los que conforman el día a día: “Uno a veces reflexiona sobre lo conseguido todos estos años y parece algo natural, pero esto tiene muchísima constancia, esfuerzo y humildad. Somos un equipo en todo sentido, no solamente el equipo que juega, que sale a la cancha, somos un equipo de trabajo muy grande, muy unido, todos tenemos un mismo objetivo que es trabajar y eso requiere muchísimo esfuerzo. Parecería que el logro queda como algo natural. Por eso la alegría, nunca nada es parecida a la otra, claramente tiene sus sabores distintos pero no deja de ser un logro importante”.

La tónica de siempre ir por más sin resignar las formas ni abandonar un libreto intrínseco que pregonó desde el comienzo en su nuevo rol detrás de la línea de cal, es algo difícil que sin embargo ha sabido mantener en el tiempo. “Es el alivio después de tanto esfuerzo y sacrificio, de insistir, porque no siempre se llega. Nosotros pudimos estar, los objetivos que nos pusimos fueron muy claros, a ver si nos podíamos nosotros mismos desafiar a ver si podíamos tener un gran año. Era un objetivo muy audaz, de poder superarnos de lo que había pasado y estuvimos a la altura. Terminamos de una manera muy satisfactoria, estuvimos a tres minutos de ganar otra vez la Libertadores con lo que eso significa. Y en la Superliga estamos ahí, peleando con altibajos pero ahí. Cuando el grupo se sacrifica para poder conseguirlo está bueno, no siempre se llega pero el esfuerzo se hace y eso es lo que más rescato. ¿Por qué me puse a cantar? Me puse a pensar que perdimos un partido, que todavía teníamos la angustia porque podíamos haber agarrado la punta con un partido menos. Teníamos que salir con esa angustia a festejar, ¿cuál era el equilibrio, no? Entonces me salió cantar, a veces me sale y me muestro tal cual soy. Después me miro y… es lo que hay”.

Consultado por el despampanante presente de Ignacio Fernández, amo y señor del fútbol del equipo, el “Muñeco” no fue para nada conservador con su pensamiento y dejó un mensaje que le genera cosas positivas a los hinchas. “Nacho no se va a ir a ningún lado, yo tampoco… Ya tuve charlas con él, está muy contento de estar acá, está contento de que todos sigamos. Tiene una cláusula de 15 palos y el que se lo quiera llevar la va a tener que poner, no vale menos que eso. Tiene 29 o 30 años y sigue jugando con un nivel extraordinario. Salvo que venga un grande y se lo quiera llevar no creo que se vaya. Así que estoy contento de que tenga este rendimiento”, cerró extasiado de alegría.