Pese a la bronca de no poder decir adiós con la camiseta de sus amores, prefirió masticar bronca y retirarse campeón del otro lado del charco: en 2011 con el escudo de Nacional en el pecho. Rápidamente se puso detrás de la línea de cal para volver a dar la vuelta con su reciente equipo en la temporada 2011/2012. El bache que hubo luego de ese título lo encontró cabizbajo a Marcelo Gallardo que, según la confesión de un ex compañero, no imaginaba tener chances en el fútbol argentino. “Tenía algunas propuestas de la B Nacional, pero no lograba enganchar nada. Y antes de que agarrara River en 2014 me dijo: ‘Nosotros no vamos a dirigir nunca acá. Nosotros somos así, no andamos en la joda, no ponemos plata debajo de la mesa’”, aseguró José Luís Villarreal, quien compartió vestuario a mediados de 1990.

La respuesta del actual estratega del Miami FC fue la siguiente: “Puede ser, somos transparentes, genuinos. Si nosotros nos portamos bien, ¿por qué nos va de esta manera y a otros de otra? ¿Hay que poner plata abajo de la mesa para dirigir? ¿Hay que ser corrupto? Algunos pareciera que no dirigen por capacidad, laburan los que en realidad no laburan”.

La historia desde que tomó la batuta a mediados de 2014 ya es conocida: múltiples logros y el pedestal al mejor entrenador en la vida del club. Hubo un reencuentro entre ambos en Estados Unidos, cuando el cordobés dirigía al Jacksonville Armada y el “Millonario” viajó para hacer su pretemporada en Fort Lauderdale: “Nos cagábamos de risa con el ‘Muñeco’. Recuerdo que me invitó a comer, pero yo por vergüenza no quise quedarme. D’alessandro y Ponzio tuvieron la humildad de venir a saludarme. Dos señores, la verdad. Hablábamos de fútbol y teníamos pensamientos parecidos, nos gustan los equipos dinámicos. Él tuvo la fortuna de poder mostrarlo ahí y yo todavía no pude. Tenemos muchas cosas en común con él, pero trato de no joderlo ni de invadir”.

La frontalidad y sinceridad a sus jugadores es una constante que no negocia, factor con el que el ex volante de Belgrano se siente identificado. “A mí eso me juega en contra, nunca aprendí a jugar ese juego. Por eso creo que es difícil que dirija en Argentina. Ahora sé que me tengo que callar algunas cosas, pero siempre fui así. A él se lo veía un chico callado, con unas condiciones futbolísticas extraordinarias. A mí me encantaba. No se notaba que iba a convertirse en este monstruo, pero se lo veía pensante, prolijo. Y ahora lo veo más aplacado a la hora de declarar”, cerró en Infobae.