Llegó a River pidiendo permiso y disputó 41 partidos, en los que aportó 7 tantos y brindó 6 asistencias, además de conseguir dos títulos: Torneo Final 2014 y Copa Campeonato 2014. Sin embargo, pasaron los años y dista mucho de ser aquel dinámico jugador que sorprendió en el fútbol argentino. Carlos Carbonero no está en cancha desde el 26 de mayo de 2019, en la derrota por 1-0 de Deportivo Cali ante Atlético Nacional, donde ingresó a falta de 11 minutos por Andrés Colorado. Su último club fue Ferro pero ni siquiera llegó a debutar. Solamente llegó a estar en el banco de suplentes en una ocasión: en la caída por 2-1 contra Estudiantes de Río Cuarto, en Córdoba. El cuerpo técnico no lo vio a la altura él decidió rescindir. Hace cuatro años sufrió una lesión en un menisco de la rodilla derecha, durante su paso por Sampdoria y la recuperación fue una pesadilla: constantes dolores, falta de respuestas y una carrera que se venía a pique.

“Estoy abierto a cualquier club, de cualquier país. Lo importante es volver a jugar. Quiero tener ritmo de competencia, independientemente de donde sea. Pensé en retirarme cuando pasé al Cortuluá. En ese lapso de tiempo no encontré un club que me diera la oportunidad otra vez. Fue frustrante. Pensé que no iba a volver a jugar. Pero Dios tiene un propósito conmigo y hoy me siento capaz de estar en un club y volver a jugar”, aseguró convencido.

Dentro de su currículum aparece River, la etapa más fructífera que lo catapultó a los primeros planos internacionales. “En ese momento había muchas ofertas, y nunca imaginé que colocaba sus ojos en mí. Recuerdo que en ese momento mi representante me llamó y me dijo que había una oferta. No lo dudé. Dije que sí, independientemente de la parte económica. Gracias a Dios pude vestir esa camiseta. Ramón Díaz es un ganador. Tanto como jugador como entrenador. Influyó mucho en los resultados de River. Él te ayuda a adaptarte, que no es fácil. Había varios jugadores nuevos que llegamos y nos costó al principio. Pero pudimos ganar el campeonato”, recordó.

¿Si se arrepiente de haber emigrado en el mejor momento? No, se fueron muchos jugadores y el club demostró para qué estaba. La llegada de Gallardo fue importante, demostró lo que es River y ganando prácticamente todo lo que tuvo enfrente. Hubo un buen acople para lograr que el club esté como hoy está. Tuve un período en que no me entrenaba. No quería saber nada. Estaba muy frustrado de no tener oportunidades. Yo quería ir a jugar, independientemente de lo que iba a ganar. En ese momento se me cerraron mucho las puertas. Luego llegué al Deportivo Cali, donde tuve la oportunidad de recuperarme como tenía que ser. Ahí fue donde alcancé esa motivación otra vez”.

El gran hito llegó con la convocatoria al Mundial de Brasil 2014 en una edición especial para el combinado cafetero. “Fue algo muy lindo en mi vida. Yo venía haciendo un buen campeonato con River, pero no había tenido ningún llamado del profesor (José Néstor) Pekerman. Trataba de dar lo máximo en el club, independientemente de lo que se dijera por fuera. Estaba de vacaciones y recibí una llamada del cuerpo técnico de la Selección. No lo esperaba. Después de muchos años Colombia volvía a un campeonato mundial, y de la manera que lo hizo. Fue una alegría que siempre voy a llevar en mi mente y mi corazón”, le contó a Infobae.

La primera entidad que apostó por sus condiciones fue Estudiantes, pero sin resultados eligió vestir los colores de Arsenal de Sarandí, donde despegó definitivamente. “(Gustavo) Alfaro creo que influyó mucho para mi estadía en el fútbol argentino. En el club me abrieron las puertas, desde el utilero hasta el último administrativo. Me dieron todo el apoyo y garantías para estar tranquilo. Eso ayudó para que pudiera aportar lo mío, que es lo futbolístico. Conseguimos ese campeonato que nadie lo esperaba. Fue una persona muy importante en ese momento. Sacaba lo mejor de cada uno. Que nos entrenáramos como si estuviéramos en un equipo grande, que ya íbamos a llegar. Por suerte logramos el objetivo que era salir campeón”, finalizó.