Su llegada estuvo signada de interrogantes. Quiso ponerse la camiseta antes de tiempo pero terminó en Cruzeiro, luego debió retornar a Huracán antes de irse a préstamo al club de sus amores. Finalmente, a fuerza de goles, le compraron el pase y hasta el día de hoy disfruta el cariño: “No hay adjetivo calificativo que se puede describir con palabras lo que se siente, es lo mejor que me pasó en el mundo desde lo futbolístico. Y lo disfruto como tiene que ser”. Claro está, la frutilla del postre es contar con Juan Román Riquelme, prócer y flamante vicepresidente. “Es el máximo ídolo de Boca. Tenerlo cerca, escucharlo, ver de la forma que apareció en el club, nos sorprendió. Yo no lo conocía, tuve la posibilidad de sacarme una foto y chatear en otros tiempos, pero la verdad un tipazo con nosotros. Se puso a disposición las 24 horas y nos ayuda mucho con el mundo Boca, que es bastante complicado”, agregó.

Desde sus orígenes en Córdoba lleva el sentimiento por un club en especial, lo que no quita que más tarde halló el fanatismo por el “Xeneize”. “Soy hincha de Instituto, pero me crié viendo a Boca campeón. Tenía 7 u 8 años cuando empezó a ganar todo. Viendo eso, vos querés jugar en la Bombonera, querés dar la vuelta como el Mellizo (Barros Schelotto), Román (Riquelme), Palermo, el Chelo (Delgado), Carlos (Tevez). Yo quería jugar en Boca, que se cansó de dar la vuelta”, aseguró conmovido.

Como en todos los barrios marginales, la mala junta y los excesos están a la orden del día, pero claramente optó por mantenerse en el camino correcto para llegar a ser profesional. “La droga, si querés, la tenés cerca. Tenes todas las tentaciones cerca, después está en cada uno. Me ofrecieron droga y nunca acepté, puedo mirar a todas las personas del mundo a la cara y decirlo. Tengo gente muy cercana que es rehabilitada de ese problema y tengo a mi vieja que ha sufrido mucho tiempo por ese tema. Conozco amigos que la han pasado muy mal y gente conocida que ha muerto y no me gustó nunca ni me va a gustar. Nací en Remedios de Escalada, en una situación clase media para abajo, tengo todos amigos que no tienen para comprarse zapatillas cada seis meses y sin embargo nada me modifica el pensamiento ni la ecuación, ni lo que yo quiero, ni quiero para mis hijos, ni el mensaje que quiero dar a los que me siguen y admiran, o incluso los que no me quieren”, contó en “A lo Barzola”.

Si de idolatría se trata, no hay nombre de pila que lo enamore más que Juan Carlos Jiménez Rufino. ¿Quién? Sí, la “Mona”, astro del cuarteto cordobés: “En otra vida me hubiera gustado ser su hijo para verlo todo el día, je. A lo mejor, a los hijos los debe cansar, pero a nosotros los fanáticos, no. Lo admiro mucho”. Si tiene que elegir entre final de Copa Libertadores o ir al recital del músico, no se pone nervioso: “Lo invito a la cancha, que venga porque el baile empieza a las 23. Entonces, lo invito y después nos vamos juntos al baile, no me lo puedo perder”.