Hay jornadas que en automovilismo marcan un antes y un después en forma lamentable ya que las pérdidas humanas pueden decir presente en el momento menos esperado. Este domingo la Fórmula 1 estuvo a un paso de la tragedia.

En la primera vuelta del Gran Premio de Bahrein se dio un espectacular accidente que por poco termina de la peor manera: el francés Romain Grosjean se tocó con la máquina del ruso Daniil Kvyat y terminó incrustado contra el guard rail en una verdadera bola de fuego.

Las imágenes que entregó la transmisión (con delay ante la gravedad del impacto) generaron temor ante una situación que pudo ser peor. La prueba se paró con bandera roja en forma inmediata y finalmente el piloto, tras varios segundos de angustia ante el impacto y el fuego posterior, salió por sus medios con apenas quemaduras en las manos y tobillos, al perder una bota de su equipo.

El fuerte golpe del Haas contra una defensa colocada en ángulo partió la contención, con el cockpit del piloto incrustado en el mismo y un sistema Halo que pudo evitar incluso la decapitación de Grosjean. Desde FIA habrá que repensar la estrategia en esa zona, que hoy demostró una llamativa negligencia.

“Tuvo traumatismos y algunas quemaduras leves, pero está bien. Cuando uno ve algo como esto, no puede pensar más que en que esté bien el piloto. ‘¿Dónde está Romain?’, nos preguntamos. Quiero agradecer a todos los que participaron del operativo para salvarlo”, remarcó Guenther Steiner, líder del equipo Haas, en la transmisión oficial.

Luego el show continuó, y tras una hora y media de parate, y con un arreglo precario, la prueba se reanudó en Sakhir, una pista que tendrá doble fecha ya que en siete días se utilizará su dibujo periférico. Sin embargo, hoy las autoridades deberán entregar muchas explicaciones por un choque que de milagro no terminó en tragedia.