Esta mañana apareció un tenebroso mensaje para los dirigidos por Héctor Bidoglio: “No hay códigos, ganan o muerte”, apareció en una pared externa del Complejo Infantil Islas Malvinas, situado en el barrio Echesortu. La amenaza habría sido hecha en la madrugada del martes, pero rápidamente fue mandada a taparse por los directivos.

Rosario, de por sí, es una ciudad que convive con la violencia y este tipo de escarmientos hacia los jugadores. En la previa del clásico anterior, el 1 de noviembre pasado, por la semifinal de la Copa Argentina, algunos integrantes de la barra brava rojinegra entraron con banderas al Complejo Deportivo de Bella Vista y amenazaron al plantel que entonces dirigía Omar De Felippe. Previo a ese mismo encuentro, supuestos hinchas leprosos también amenazaron de muerte al delantero de Central Germán Herrera, cuando pintaron “Herrera vas a morir” en una pared vecina al edificio donde vive el atacante.

Un hecho similar se repitió en la previa de la final de la Copa Argentina, el 6 de diciembre pasado, entre el Canalla y Gimnasia de La Plata. Retrocediendo en el tiempo, en 2015 balearon la casa de la abuela de Maxi Rodríguez, cinco días antes del clásico. En 2014 hubo otro caso: prendieron fuego neumáticos en la casa del por entonces presidente de Newell’s, Guillermo Lorente. De nunca acabar.