Son partidos que quedan para el recuerdo, pero si terminan en goleada son históricos. De eso se encargó el Canalla, con un joven Marco Ruben como figura y con la velocidad de Wanchope para resolver un partido que en la previa era inimaginable. El descuento de Carlos Araujo poco sirvió para la visita, que terminó con tres jugadores menos.

Se jugaba la Fecha 13 del Apertura 2006 y el que mejor llegaba era Central, pese a haber sido derrotado en los últimos dos encuentros, el jugar en su casa lo favorecía y más frente a un equipo que había ganado uno de los últimos cinco partidos.

El primer tiempo comenzó favorable para la Lepra, sin embargo, dos atajadas de Ojeda evitaron la ventaja para el conjunto de Pumpido. El aliento del público local producto de los avances contrarios empujaron a Central. Sobre el sector derecho y con un giro, Wanchope se sacó de encima la marca y envió un centro atrás al área para que Coudet abra el marcador a los 18 minutos de la primera parte.

Los mismos nombres, aunque con roles invertidos estiraron la ventaja para los dirigidos por Néstor Gorosito. El remate del Chacho de afuera del área no pudo ser contenido por Justo Villar y el que aprovechó la ocasión fue Wanchope. Cuando parecía que el primer capítulo estaba cerrado, una corrida de Marco Ruben dejó en el camino a Torrén y Aguirre, y estableció el 3-0 en tiempo de descuento.

En el complemento el que madrugó fue Newell’s en los primeros minutos. Una jugada de tres toques y un cabezazo dentro del área dejó la pelota boyando. Araujo no lo dudó y de volea descontó. El 3-1 negativo y con todo el segundo tiempo por delante ilusionaba al rojinegro que buscaba la heroica, que nunca encontró porque Central se plantó bien en el fondo para salir de contra.

Con esa estrategia, el local aprovechó los avances de Ruben, que no paró de complicar a la defensa visitante y tras un error arbitral de Horacio Elizondo, Central dispuso de un penal a falta de diez minutos para el final. El que inmediatamente tomó la pelota fue el Kily González, quien no dudó y decretó el 4-1.

Injusto si se quiere en un deporte en el que no existen los merecimientos, Central supo cómo jugar el clásico, dejó los tres puntos en casa y otra vez fue el único dueño de Rosario.

Por Rodrigo Vizcarra.