No había llegado como una apuesta. Su rendimiento a temprana edad sorprendía y tenía condiciones para volar alto. Arquero al igual que su padre, Carlos Fernando Navarro Montoya surgió de la cantera de Vélez y tuvo un breve paso por Santa Fe de Colombia. Tras una gran temporada en su regreso al club de Liniers, Boca decidió comprarlo.

Fue en 1988 cuando comenzó la historia entre el Mono y el conjunto Xeneize. Lo cierto que había llegado para ser suplente de Hugo Gatti, pero un error del experimentado arquero y más en el final de su carrera, determinaron que el joven colombiano sea ponga el buzo de arquero y de manera definitiva.

Navarro Montoya hizo su primera aparición contra River en el Monumental, y con 22 años, que no era poca cosa. Un año más tarde, llegaría el primero de sus varios títulos en Boca: la Supercopa Sudamericana ante Independiente, con un penal atajado en la definición.

Su mejor momento sería a partir de los 90′, con tapadas espectaculares se distinguía y era considerado como uno de los mejores del mundo. En una seguidilla de torneos, festejó la Recopa Sudamericana de 1990, la Copa Master de 1992 y la Copa de Oro en 1993. Más allá del palmarés internacional, fue gran figura del Apertura ganado en 1992 bajo las órdenes de Tabárez, en el que mantuvo el arco en cero por 826 minutos y estuvo a menos de tres partidos de romper el récord de Barisio.

Considerado como ídolo, de las tribunas bajaba el “Olé, olé, olé, Mono, Mono…”. Más allá de sus recordadas atajadas, la foto que queda en la retina es la de Montoya luciendo sus históricos buzos, con un número 1 grande y desparejo presente en shorts y camisetas, parecido a la jarra de vino con forma de pingüino. Ya era una marca registrada, pero la novedad fue la llegada del dibujo del arquero manejando un camión.

La historia marca que el uso de esa indumentaria era un acuerdo entre él y la marca Olán, que vestía a Boca. sus buzos fueron furor en Sudamérica y hasta Rogerio Ceni usó camisetas con esos motivos. El Mono se mostraba firme y se rehusaba a usar otro número que no fuese su distintivo número uno. Aunque eso cambió con la llegada de Nike a Boca, los diseños dejaron de ser personalizados.

Su etapa en el club de la Ribera tuvo punto final el 17 de noviembre de 1996 en la derrota 3-1 con Banfield. Fueron ocho años marcados por títulos y una personalidad destacada para defender el arco de Boca, por lo que Navarro Montoya quedará en la historia grande del Xeneize.

Por Rodrigo Vizcarra.