Rendidor, aguerrido y con clase… pero siempre polémico. El karma lo persiguió durante sus pasos por Boca e Independiente, pero las puertas de su casa se abrieron nuevamente para que se ponga la camiseta número 26. En el retorno al club que lo vio nacer tiene dos objetivos: sumar la mayor cantidad de puntos para evitar comprometerse con los promedios y meterse en puestos de Copa Libertadores.

En el comienzo del partido se lo vio muy participativo aunque no estuvo muy en contacto con la pelota, manejó la mitad de la cancha junto a Aníbal Moreno y alternó una sociedad con Maxi Rodríguez.

No tuvo choques atípicos, careció de juego fuerte y ni siquiera lo amonestaron. Evitó las situaciones límite para no generar debate y casi cometió infracciones. Tuvo la chance de convertir pero Agustín Rossi le ahogó el grito aunque, en el rebote, Sebastián Palacios infló la red.