Un tipo que tanto adentro como afuera de la cancha supo ganarse el amor de propios y ajenos con su locura genuina, su carisma y su fútbol de alto vuelo. Uno de los mejores ‘8’ que el fútbol argentino pudo ver en los últimos 25 años. Porque Coudet mezclaba todo: juego, gambeta, delirio, garra y diversión. Él era feliz con la pelota en los pies, y sabía transmitírselo a los demás. El inventor de la “rabona voladora”. Uno de los mejores gritadores de goles que ha visto el fútbol argentino.

De su debut en Platense a sus años dorados en Rosario Central, mofándose de Newell’s, y de ahí a su mejor etapa como jugador profesional que fue en River. Siempre desbordando por la derecha y retrocediendo. Dejando todo en cada pelota. Quizás no le fue de la manera que cualquier jugador sueña en Europa, pero acá, en nuestro fútbol, en el bendito fútbol argentino, dejó una huella imborrable. Tanto con sus anécdotas, como con sus jugadas. Un crack total e ídolo casi en todos los clubes donde jugó.

Como jugador cosechó seis títulos en total: cinco torneos locales en River y la Copa Conmebol de 1995 con Rosario Central. Desde que se inició como técnico no ha podido campeonar, pero sí hay marcado un estilo de juego. Sus equipos juegan como lo hacía él. Una tromba ofensiva que te pasa por arriba con fútbol, garra y entrega. Si lo sabés soportar, podrás pelear, si no, te gana de punta a punta.

En breves palabras, ese es el cumpleañero al que recordamos hoy en Gol de Vestuario. Un loco lindo. Un gran jugador. Un buen entrenador. Y el hombre más divertido y con mejores anécdotas del país. Eduardo “el Chacho” Coudet.

Por Julián Pernicoli.