El protagonismo, la mentalidad ganadora, la superioridad numérica, entre otros factores, son rasgos intrínsecos de los equipos del “Muñeco”. Hace seis años que mantiene un estilo de juego, que más allá de mutar desde lo táctico o esquemático, continúa la línea de devorarse al rival para buscar el gol de múltiples maneras.

Las diferentes bajas evidentes ya sean por motivos de lesiones, ventas, rescisiones o culminación de contratos lo obligaron a mutar sus movimientos pero jamás su ADN. River nunca resigna el favoritismo de adueñarse de la posesión que lo llevan a atocigar a sus víctimas, cansarlas y darles el golpe de gracia, ese que muchas veces tarda en llegar o simplemente, alcanza con el pitazo final.

La salida de Exequiel Palacios derivó en un hueco enorme en mitad de cancha pero Enzo Pérez, con la ayuda de sus compañeros, no sintió el cimbronazo. Con un retoque en el esquema desde el primer partido contra Independiente, con la incorporación de Robert Rojas en el fondo, conservó el equilibrio. Ni siquiera la expulsión infantil de Paulo Díaz generó caos contra Central Córdoba y, más allá de que el chileno haya purgado sus dos fechas, el DT optará por no tocar nada en el once.

Puede defender con tres o con cinco. O atacar con un solo delantero. Pero todos defienden cuando el rival tiene la pelota y todos atacan cuando se recupera o se inicia la jugada en el área propia. Por eso Ignacio Fernández define como 9 goleador, Nicolás De La Cruz desequilibra como el “Pity” Martínez y la dupla Suárez-Borré recuerda emula la sociedad Mora-Teo o Alario-Driussi. Los laterales, tan importantes en estos tiempos, se traducen en Gonzalo Montiel y Milton Casco como dagas venenosas al mejor estilo Mercado-Vangioni. A tres fechas del final, el líder tiene con qué.