El último encuentro oficial de Ricardo Enrique Bochini fue el 5 de mayo de 1991, en la añeja Doble Visera ante Estudiantes de La Plata por el Torneo Clausura. A las 44 minutos del primer tiempo, Pablo Erbín le proporcionaba la última patada al 10, la única que lo alcanzó, recién a sus 36 años, para sacarlo en camilla de su hogar y no volver a dejarle pisar nunca más de manera oficial a su amada.
Lujos, inteligencia, viveza y magia. Todo perdido, llegó a su fin. El Bocha dejó a Independiente con el mote de Rey de Copas, siendo además el único club que tuvo el privilegio de prestarle los colores para que los defienda con hombría y belleza pura. Todos los contemporáneos al 10 en algún momento, sean o no del Rojo de Avellaneda, vibraron con sus gambetas y goles.
El 19 de diciembre sería su último encuentro, de manera amistosa, junto a los amigos que el fútbol le regaló. En el vestuario lo esperaban, ansiosos y aturdidos por las bocinas, jugadores de la talla de Alonso, Gatti, Villaverde, Marangoni, Trosero y muchos más, entre los que obviamente estuvo su gran secuaz, Bertoni, aquel con que las paredes se iban levantando hasta llegar al infinito.
A falta de 15 minutos para que finalice aquel 19 de diciembre de 1991, el hombre que inspiró al “D10S del fútbol” convirtió su último tanto y no podría haber sido de otra manera que tocando suavemente la bola con su pie ancestral para que ingrese a centímetros de la intersección entre el poste y el travesaño.
Al ritmo de: “Y dale Bocha dale Bocha dale Booo.. Y Bocha dale Bocha dale Boooo.. Porque te quiero, te vengo a ver, aunque esta noche sea la última vez…”, el oriundo de Zárate daba la última vuelta olímpica llevándose consigo las gargantas de los más de 40 mil fanáticos que inundaban las tribunas con sus lágrimas.
Con cuatro torneos argentinos, cinco Libertadores, cuatro Interamericanas y una Intercontinental, el Bocha dejó un legado difícil de superar. Aún más si agregamos que ostenta un mundial: México 86.
Pero más que los títulos o las epopeyas como el gol del 3 a 3 ante Talleres en Córdoba con tres jugadores menos o el tanto ante la Juventus en la Intercontinental, el Maestro siempre será recordado por su amor a la pelota, su visión periférica para asistir a los compañeros y su tímida sonrisa que iluminaba el alma de todos los amantes del fútbol.