Quizás la noticia más difícil para el mundo del fútbol y todos los argentinos. El gran “Pelusa” volvió al cielo tras su estadía entre los mortales. Se descompensó a las 10 de la mañana de este miércoles y falleció minutos después del mediodía, luego de que los médicos intentaran reanimarlo sin éxito. En los últimos días, su familia y entorno lo habían notado “muy ansioso y nervioso”, por lo que se había reflotado la idea de trasladarlo a Cuba para su rehabilitación, donde ya había pasado unos años luchando contra su adicción a la cocaína.

 

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Y un día ocurrió. Un impacto mundial. Una realidad que no se quiso ver a tiempo. La sentencia que varias veces se escribió pero había sido gambeteada por el destino ahora es parte de la historia. De Villa Fiorito hacia el mundo antes de retornar al olimpo de los dioses. Con sus propias reglas, fundó una religión que le seguirá rindiendo honor en cada charla, en cada gol, en cada pensamiento. Él solamente quería jugar a la pelota y terminó conquistando el mundo con su zurda y la 10 en la espalda.

 

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No existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Barrilete cósmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Porque entre tantas cosas, el Diego era esto. Un pibe de barrio, con lujuria de potrero, envuelto es escándalos mediáticos, creador de frases pintorescas, atrapado en el cuerpo de un sesentón acorralado contra las cuerdas.

Una de las jornadas más épicas, ya sin los botines, la brindó cuando se entrevistó a sí mismo en su programa “La noche del 10”. El de saco le preguntó al de remera de qué se arrepentía: “De no haber disfrutado del crecimiento de las nenas, de haber faltado a fiestas de las nenas… Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el 100 por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”.

En ese mismo montaje realizado en 2005, redondeó con una confesión que se aplica perfectamente a este triste 25 de noviembre. “Uhh, ¿qué le diría al Diego el día de su muerte? Gracias por haber jugado al fútbol, gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”, finalizó. Hasta siempre, D10S.