En Argentina, culminar con las vacaciones y retornar a la cotidianeidad no sólo significa enfocarse en lo que les deparará la siguiente temporada, ya que los futbolistas también deben mentalizarse en lo duro que será el día a día con un fútbol tóxico, contaminado por los aprietes, ayudas externas, favor por favor; y un sinfín de actos meramente nocivos y repudiables para una sociedad civilizada que debería de encontrar el recoveco para ingresar al camino de la buena fe.

Cuerpos técnicos que ya no están, otros que llegan. Con tratos diferentes, pensamientos propios, estilos particulares. Cada uno con su libreta personal repleta de ideas para plasmar en el campo de juego y con jugadores que desean sumar a sus filas y, de igual manera, poder quitar otros tantos del equipo para no sumar problemas en el vestuario.

Y es que los jugadores argentinos, sobre todo cuando se encuentran en su país de origen, parecen integrantes de una secta. O más bien, cráneos de un partido político que deciden cuando sí y cuando no aceptar las propuestas de los nuevos técnicos y/o negarse y contraponerse a sus superiores para desbaratarles el control del plantel.

También es cierto que los directores técnicos no son ángeles en tierras diabólicas. Casados con sus propios jugadores, en primera instancia, y muchas veces hasta que el barco se vuelve balsa y termina por hundirse, siempre serán pensados como titulares por encima de buenos rendimientos de los que ya estaban.

Eduardo Coudet sería un fiel reflejo de muchas de las aristas ya mencinadas. Marco Torsiglieri, Ricardo Noir, Federico Vismara, Nicolás Oroz, Brian Fernández, Juan Patiño, Juan Dinenno, Santiago Rosales y Andrés Ibagüen (el jugador más caro que incorporó Racing en toda su historia); son los futbolistas que no seguirán en el club de Avellaneda, y la lista podría seguir aumentando. Mientras que Alejandro Donatti y Nery Domínguez, ambos dirigidos en Rosario Central por el Chacho, se suman a Nery Cardozo y Leonardo Sigali como nuevas incorporaciones.

El deporte más popular del país no está podrido pura y exclusivamente por lo ya mencionado. Los actores principales tampoco ayudan y las autoridades parecieran hacer oído sordo, pero también existe una figura crucial en estos momentos del año, un ser que puede ser de mucha ayuda para los jóvenes que desean un porvenir mejor, repleto de lujos y excesos que genera ser profesional de la pelota. Pero ese ser puede transformarse en un enemigo, en la persona más repulsiva y nociva para con los clubes y hasta sus representados.

A Ezequiel Barco le aconsejaron no asistir a los entrenamientos de pretemporada con Independiente, en forma de prostesta por la negativa del último campeón de la Copa Sudamericana a venderlo a la MLS por un precio que al club le parecía insuficiente. Un deportista que está ligado a la institución por medio de un contrato laboral, elige no cumplir con sus funciones. ¿Cualquier empleado podría tomarse esa atribución en sus respectivos trabajos?

Los “empresarios” del fútbol gestan negocios impensados por la gente promedio que sólo ingresa a los portales o se informa a través de las redes sociales, radio o tv de su amado equipo, con la ilusión de que arribará un jugador que despierte las ilusiones de comprar la camiseta con su número y nombre en la espalda.

Junto a ellos, se podría ubicar a los eruditos de la materia. Aquellos que ganaron elecciones con promesas e ilusiones, pero con actualidades y actitudes que lastiman el corazón del hincha. Buscan sacar la mejor tajada en cada negociación, eso es cierto, el problema se manifiesta cuando esas triangulaciones de dinero no recaen a las arcas del club.

La prensa no es un punto y aparte del tema. Periodismo amarillista, infundado y con sobres por debajo de la mesa para alabar las cualidades futbolísticas que no tiene un jugador. Elevar el tono es más importante y llamativo que un buen análisis. El rumor, vende más que la verdad.

Todo esto y mucho más es generador de estrés involuntario para el hincha genuino, que ve cómo jugadores de marquesina arriban a otros clubes mientras que en la gran mayoría se antepone el rezo al unísono de todos los simpatizantes para que sus figuras no abandonen el tren.

Equipos como Lanús, Banfield, Talleres, Argentinos Juniors, y muchos otros, se desmantelan por necesidad, claro, no le ingresan los mismos ceros que a los clubes poderosos de Argentina, que además desmuestran esa brecha incorporando jugadores de selección como Carlos Tevez, Emmanuel Más, Julio Buffarini y Ramón Ábila, en Boca o Lucas Pratto y Franco Armani, en River.

La pretemporada no es sólo un período de transición entre un torneo que culminó y uno que arribará, es un momento crucial en la preparación y formación física y mental de un plantel con negociaciones y decisiones apocalípticas para los clubes.