¡Qué viva la gambeta! Un 4 de marzo de 1974 nacía en Ledesma, provincia de Jujuy, Ariel Arnaldo Ortega. Un jugador muy particular, con un sello distintivo, que dejó una marca en el fútbol argentino: su gambeta. Ese quiebre de cintura que dejaba humillados a los rivales que se le pusieran en frente fue lo que le dio, entre otras cosas, la posibilidad de triunfar. Fue el propio Américo Gallego, ayudante de campo de Daniel Passarella cuando Ortega debutó, quien dijo sobre él: “Lo vi por la ventana de la concentración gambeteando en la canchita auxiliar con la cuarta y se lo dije a Daniel (Passarella) y lo subimos a Primera… Todavía sigue gambeteando, ja”.

Es una de esas figuras que trasciende los colores. A pesar de su gran identificación con River, el jujeño es un jugador muy querido por los hinchas de todos los clubes, y también por sus colegas. “Todos lo conocen a Orteguita por los enganches, pero lo que no saben es que tiene un corazón enorme”, enfatizó nada más y nada menos que Diego Armando Maradona cuando le preguntaron por Ariel.

Campeón con River a nivel local y continental, campeón también con Newell’s y a su vez con Parma de Italia, la carrera del Burrito estuvo marcada por el fútbol que supo desplegar. Fue, sin ninguna duda, uno de esos futbolistas por los que daba gusto pagar una entrada para verlo en la cancha. “Siempre, en cualquier charla de fútbol, lo digo: es el jugador más completo, más distinto, de los que me tocó tener al lado”, sostuvo Eduardo Coudet sobre él.

Según Ramón Díaz: “Demostró la categoría y el nivel que tiene”. Para Hernán Díaz, está “en el podio de los tres mejores con los que compartí cancha: Maradona, Francescoli y Ortega”. Según Santiago Solari: “Ortega representa una época entera, tienen que pasar muchos años para que vuelva a ocurrir algo así. Hasta ahora es el último gran ídolo de River”.

Así lo definen sus colegas, así lo definen sus compañeros y amigos. No sólo un gran futbolista, sino una gran persona. O como también dijo Gallego: “Un tipo sensacional. Como jugador nunca se escondió, siempre pedía la pelota, jugando contra Boca en La Bombonera o contra cualquiera”.

El cariño no se gana fácilmente, y eso es algo que Orteguita, durante toda su carrera como profesional, supo cosechar. No por nada fue homenajeado con un Monumental repleto gracias a él, como pocas personas en la historia del fútbol han podido lograr.

“Sería difícil reconocer un solo momento que haya disfrutado con él en una cancha. Fueron muchas cosas vividas. Pero haber compartido un clásico en la Bombonera, los dos muy jóvenes, él con 19 años y yo con 18, y después haber ganado el campeonato invictos, son cosas que no se olvidan”, sostuvo el actual entrenador de River, Marcelo Gallardo, sobre su ladero en los comienzos de su carrera.

Quedan pocos como él, la alegría que contagiaba al verlo jugar es algo difícil de igualar. Fútbol en estado puro, o “el estandarte del fútbol de potrero”, como lo bautizó el periodista Víctor Hugo Morales. Hoy cumple 43 años y ya no nos deleita con sus gambetas, por eso se extraña cada fin de semana esa pincelada que dibujaba sobre el césped para dejar rendidos a sus rivales.