Durante los Juegos Olímpicos de Río 2016, Argentina consiguió cuatro medallas: la de Paula Pareto, en judo; la de Juan Martín Del Potro, en tenis; Santiago Lange y Cecilia Carranza, en Yachting; y, por último Los Leones, en hockey; fueron cuatro medallas obtenidas en cuatro contextos muy distintos teniendo en cuenta los siguientes factores: cómo llegaba cada uno, las expectativas puestas en cada uno de ellos por parte del público al comenzar los Juegos y la repercusión de la sociedad argentina tras las consagraciones.

La primera que se adueñó del máximo objetivo fue Pareto. La judoca, de 30 años, venía de ser oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011, medalla de plata en los Panamericanos de Toronto 2015 y campeona mundial en Kazajistán 2015. Todo esto en judo, una disciplina que, por lo menos hasta el momento, cuenta con muy poca difusión y con muy escaso conocimiento por parte de la gente.
Había expectativas por Pareto y, por todo lo mencionado, se la podía imaginar colgándose alguna medalla. Sin embargo, y a pesar de haber llegado a lo más alto, aún no ha sido muy elogiada ni idolatrada como La Peque se merece.

Luego de Pareto, llegó la consagración de Juan Martín Del Potro. El tandilense vivió y vive una situación completamente diferente a la de la judoca. Las expectativas para con él eran muy bajas, más todavía cuando la fría bolilla arrojó en primera ronda a Novak Djokovic. Pese al contexto negativo, en la previa, Delpo derrotó al número 1 del mundo, quien era además el favorito en todos los pronósticos. El tandilense luego ganó tres duelos más y en semifinales derrotó a Rafa Nadal en otro encuentro heroico en el que el español lideraba las encuestas.
Por último, no pudo con Andy Murray en la final, pero Delpo marcó un antes y un después, su nombre está siendo coreado en todos lados y si alguien ya no lo idolatraba, ahora lo está volviendo a hacer más que nunca.

Consumada la medalla de plata de Del Potro, llegó el turno de Santiago Lange y Cecilia Carranza en Yachting (vela), quienes vivirían una situación similar a la de Paula Pareto. Una disciplina para nada conocida, con poquísimas expectativas e interés por parte de la gente, y en la que Argentina obtuvo una nueva medalla de oro de la mano de dos individuos totalmente desconocidos. MUY pocos conocen la historia de Lange, quien hace tres años se curó de un cáncer y quien vivió durante años en un barco ya que carecía de dinero para acceder a una vivienda y a las necesidades y servicios básicos.
La gente se hace eco de esta historia que, si no fuese por su consagración, desconocerían completamente. Ahora es recordado, pero en un lapso de tiempo no muy lejano quedará en la memoria de todos pero por lo obtenido y no mucho más. En un deporte con poco arraigo, ganar la dorada no garantiza que mañana muchos vayan a empezar a inscribirse en vela.

Por último, y para igualar el récord de tres medallas doradas de Londres 1948, llegó a Río de Janeiro el primer puesto de Los Leones, el seleccionado de hockey dirigido técnicamente por Carlos Retegui.
Antes de los Juegos Olímpicos, serios candidatos al título; conocidos, calificados y (antes de los JJ OO) vistos como una de las mejores selecciones de hockey y número puesto para colgarse alguna presea debido a sus múltiples consagraciones en Juegos Panamericanos (oro en Toronto 2015) y su tercer puesto en el Mundial de La Haya. Los hinchas fanáticos del deporte no los olvidarán, pero sí normalizarán que ellos sean uno de los mejores seleccionados sin reconocer o desmerecer todo el trabajo realizado tanto antes como después de Río y de cualquier certamen.

Si se observa lo que estos argentinos consiguieron, verá tres medallas de oro y una de plata. A simple vista serán iguales, pero no lo son, porque los contextos de cada consagración y, fundamentalmente, la repercusión en la sociedad argentina por lo obtenido son muy diferentes.