Lionel Scaloni llegaba al choque contra Venezuela en el Wanda Metropolitano de Madrid con más certezas que dudas. Había asumido el mayor cargo a nivel de selecciones casi sin experiencia previa luego del despido de Jorge Sampaoli y al instante convenció a los directivos de la Asociación del Fútbol Argentino con dos cuestiones específicas: primero, sorprendió su muñeca a la hora de encarar un muy necesario proceso de renovación generacional; segundo, sus primeros dibujos tácticos se amoldaron bastante bien a los jugadores con los que pretendía trabajar, algo que no se había visto en los convulsionados años post salida de Gerardo Martino.

Algunos resultados positivos en varios amistosos –con el agregado de haber sido obtenidos sin Lionel Messi en cancha y con mayoría de jóvenes en la plantilla– elevaron la consideración del joven entrenador, quien fue confirmado para la próxima Copa América a disputarse en Brasil tras una doble victoria ante México por la intrascendente Copa Adidas. Si hubo alguna conclusión para sacar de sus primeros partidos al frente de la selección mayor (con un récord de cuatro victorias, un empate y una derrota) fue la desfachatez de los más jóvenes y la capacidad ofensiva (once goles a favor y uno en contra) de un conjunto por demás talentoso y desequilibrado.

A este doblete ante dos rivales de alto riesgo como Venezuela y Marruecos, Scaloni llegaba con variadas sensaciones: la alegría por el retorno de Lionel Messi, el riesgo de colocar a varios debutantes en la convocatoria (Matías Suárez, Domingo Blanco, Lisandro Martínez, Juan Musso y Gonzalo Montiel), la preocupación por el estado del conflicto entre Mauro Icardi y el Inter y la certeza de que el horizonte lucía bastante despejado de cara al máximo torneo continental a nivel de selecciones.

Para el partido contra la selección de Rafael Dudamel –quien viene llevando adelante desde hace más de cinco años el mejor proyecto integral de América Latina– el entrenador argentino apostó por un equipo por completo ofensivo: Franco Armani; Gabriel Mercado, Juan Foyth, Lisandro Martínez; Gonzalo Montiel, Leandro Paredes, Giovani Lo Celso, Nicolás Tagliafico, Gonzalo Martínez; Lautaro Martínez y Lionel Messi. Un 3-5-2 con muy poca marca en el mediocampo y las bandas, sobre todo debido al hecho de que este esquema para ser eficiente en el retroceso y la contención necesita de mucho tiempo de trabajo, algo que claramente no había tenido este grupo de jugadores.

Lo que se vio en el primer tiempo ante un 4-3-3 bien versátil y agresivo de Venezuela fue lo esperado: muy poco volumen de juego, el tándem Lo Celso-Paredes lejos de Messi y liberando las espaldas continuamente, pocas subidas de Montiel, nula actividad de un Pity Martínez que sigue sin encontrar su mejor nivel en el Atlanta United y la valorable capacidad de lucha de un Lautaro Martínez movedizo y sacrificado ante una defensa muy dura.

Enfrente, Rincón y Herrera dominaban el mediocampo con juego simple y marca aguerrida, permitiendo que Machís y Murillo fuesen los perfectos extremos y Salomón Rondón ese nueve implacable y muy difícil de contener para cualquier defensor. Fue justamente el goleador del Newcastle United quien aprovechó una pelota cruzada en los primeros minutos que expuso las dudas de Foyth y el poco ritmo de Mercado para abrir el marcador con un verdadero golazo; mientras que Murillo hizo lo propio aprovechando un regalo de los tres marcadores centrales argentinos con un disparo cruzado de media distancia que venció la (poca) resistencia de Armani.

¿Lo mejor del cuadro de Scaloni en esa primera parte? Algunos arranques y disparos de Messi y aisladas acciones de Lautaro Martínez –cada día más asentado en el Inter– que hicieron trabajar al arquero Fariñez. La presencia de tres jugadores creativos en la zona media no evitó que el astro del Barcelona (evidentemente tocado en lo físico, sin mucha explosión) tuviese que bajar, una vez más, muchísimos metros para poder tomar contacto con la pelota y tratar de armar un poco de juego sin grandes resultados.

Previo al complemento, el seleccionador rosarino intentó generar un cimbronazo moviendo a Tagliafico al insólito puesto de volante interior para intentar cubrirle las espaldas a un Messi ya asentado como enlace en tres cuartos de cancha. La realidad golpeó tan duro que para los 45 minutos finales, la Argentina volvió a la línea de cuatro defensores: un 4-3-1-2 auspiciado por los ingresos de Matías Suárez para ser segundo delantero y Domingo Blanco para ocupar el hasta el momento vacante puesto de cinco de marca.

Más allá de que la circulación fue mucho más fluida, no hubo profundidad ni ideas a la hora de avanzar sobre una defensa rival muy bien plantada. Las triangulaciones y las paredes fueron casi todas fallidas, siendo una constante las infracciones de los volantes argentinos para evitar una serie de contragolpes que hubiesen sido letales. La paradoja fue que el descuento llegó por esa misma vía, con Messi liderando, Lo Celso y Suárez realizando la transición ideal y Martínez definiendo con mucha calidad para acercar a la Albiceleste.

Venezuela no cambió mucho tras el gol en contra, ya que con los ingresos de los revulsivos y potentes Yeferson Soteldo (el diez del Santos de Sampaoli) y Josef Martínez (goleador histórico de la MLS y compañero del Pity Martínez), continuó sacando ventajas de una estrategia que, rotando posiciones continuamente, abrió huecos en una línea de fondo mejorada tras el ingreso de Walter Kannemann, que tuvo al trato prolijo de la pelota como eje y que utilizó la velocidad y habilidad de sus volantes y delanteros como arma mortal.

Algunas conexiones positivas entre Messi y Suárez fueron el resultado del lógico envión posterior al gol, pero Lionel siguió retrocediendo una eternidad para poder recibir la pelota en sus pies, quedando en evidencia que este equipo (en todas sus formas) ha sido siempre incapaz de permitirle al diez jugar tan suelto como lo hizo siempre en el Barcelona. ¿Otros puntos a rescatar? Domingo Blanco le dio músculo al mediocampo, el mencionado Kannemann fortificó la defensa y algunos tramos con toques de calidad entre el trinomio Messi-Paredes-Lo Celso.

Sobre el cierre, en medio de los constantes avances venezolanos, el inevitable penal de un muy verde Juan Foyth y la impecable ejecución de Yosef Martínez fueron el tiro de gracia que confirmaron una victoria histórica para una Venezuela talentosa, trabajadora y muy necesitada de alegrías ante la convulsión social, política y económica que vive su país. Para entenderlo mejor: Dudamel puso su cargo a disposición luego de que el embajador del opositor Juan Guaidó llegase a la concentración y forzase (sin sentido alguno) la expresión pública de varios jugadores en contra del Presidente en ejercicio, Nicolás Maduro.

Mañana, la Argentina enfrentará a una durísima Marruecos sin Lionel Messi –se esperaba que fuese desafectado– y sin todavía tener definido ni un once, ni una estrategia, ni un esquema de juego de cara la Copa América 2019 para la que ya no quedan más amistosos oficiales previos. Un retroceso bastante grande para un golpeado Scaloni que minimizó la derrota, pero que se enfrenta a una dura realidad: tal cual expresaron las autoridades marroquíes, sorprendidos por su repentina ausencia, sin Messi la Argentina lejos está de ser un cuadro de primera clase. Y aquí agregamos que, aún con él en cancha, también dista de serlo.