El local estuvo mejor parado en los 45′ iniciales y apostó a la rapidez a atacar los espacios para edificar la diferencia desde su banda derecha. El equipo de Joachim Löw se adelantó desde el fondo y el lateral Lukas Klostermann tuvo mucho que ver.

A los 13′ desbordó a Ángel Correa y la tocó atrás para la llegada de Serge Gnabry; control rápido para evitar el cierre de la defensa y toque suave ante la salida de Agustín Marchesín para poner el 1-0.

La fórmula, simple y efectiva, se repitió siete minutos después cuando el lateral de Leipzig abrió la cancha con Gnabry, y con una Selección desplegada, Kai Havertz entró libre por el medio para aumentar la ventaja.

En ese período, a no ser por un puñado de minutos, el once de Scaloni no encontró claridad, y apenas arrimó peligro con un bombazo de Rodrigo De Paul que se estrelló en un palo; y con un cabezazo de Lautaro Martínez que tapó a tiempo Emre Can.

Scaloni quemó algunas naves y se volcó en ofensiva poniendo peso en el área merced a Lucas Alario, y el hombre de Bayern Leverkusen puso el descuento a los 65′ con un cabezazo desde el punto penal tras un rápido centro de Marcos Acuña.

Desde media distancia también probó Argentina, y Leonardo Paredes pudo igualar con un remate que con pique previo complicó al arquero de Barcelona. En el último cuarto de hora la presión alta creció y Alario lo tuvo por duplicado con un remate desde la media luna y con un mano a mano que, sin ángulo, no pudo resolver.

A cinco del final el Pipa, determinante desde su ingreso, construyó un slalom en la cara de la defensa teutona para que Lucas Ocampos decretara el 2-2 con un remate al primer palo de Ter Stegen. Buena parte final de la Albiceleste que deja una imagen positiva ante un rival que también está en una etapa de transición.