Sábado 5 de julio de 2014. Pleno invierno en suelo argentino y el país se paralizaba para ver a la Selección Argentina. A unos pocos kilómetros, en el país vecino, la Albiceleste rendía examen ante una de las selecciones que comenzaba a revelarse como el caso de Bélgica con el agregado de romper un maleficio. En los últimos mundiales, la etapa de cuartos de final siempre fue un impedimento y sellaba el boleto de regreso como en Francia ’98 siendo eliminados por Holanda o en las ediciones de 2006 y 2010 en las cuales Alemania comenzaba a transformarse en verdugo.

Tras haber eliminado en la fase anterior a Suiza en un partido que tuvo una definición de película, ahora era el momento de enfrentarse al seleccionado belga que llegaba a este continente con un plantel plagado de figuras en ascenso como Eden Hazard, Thibaut Courtois, Vincent Kompany, Marouane Fellani y muchos más. Italia ’90 había sido la última vez en el que nuestro seleccionado se depositaba entre los cuatro mejores de una Copa del Mundo. El famoso “karma” de los cuartos de final debía romperse ante el conjunto europeo y en tierras brasileñas. Era la gran oportunidad para Lionel Messi y compañía.

En la previa a este encuentro, Alejandro Sabella pateaba el tablero y realizaba algunas modificaciones en el equipo. Federico Fernández y Fernando Gago eran reemplazados por Martín Demichelis y Lucas Biglia, dos de las figuras en este partido y quienes se convertirían en intocables a partir de ese momento hasta la final en el Maracaná. Además, Marcos Rojo no podría estar presente por acumulación de amarillas y era reemplazado por José María Basanta, una de las sorpresas en la lista que presentó el entrenador argentino.

Argentina sabía que tendría un duro compromiso ante Bélgica y que debían estar al 100% para vencer a una defensa que parecía irrompible desde los nombres propios con los que contaban. Sin embargo, a los ocho minutos de la primera parte apareció Gonzalo Higuaín para abrir el marcador y anotar su primer gol en esta Copa del Mundo. En una jugada que comenzó Messi, la pelota fue para Di María quien intentó un pase para Zabaleta pero en el desvío de un jugador rival, el “Pipa” pisando el área, estuvo atento para romper el arco con un remate cruzado.

A partir de ese momento, la Albiceleste mostró superioridad y si bien el marcador no se modificó, se crearon varias oportunidades para aumentar la diferencia. Con la ventaja de un gol, la Albiceleste mejoró en defensa y se mostró muy seguro en ese sector. Sin embargo, algo tenía que pasar en el equipo de Sabella para aumentar el sufrimiento y antes de llegar a los 30 minutos, Ángel Di María debió ser sustituído. Luego de que intentara rematar al arco, “Fideo” sintió una molestia en su pierna derecha e inmediatamente pidió el cambio. Ahora, Messi perdía a uno de sus socios en ataque y que luego se convertiría en una preocupación ya que se confirmaba su desgarro y la ausencia por lo que restaba de la copa.

Con la salida confirmada del futbolista del Real Madrid, fue Enzo Pérez quien se encargó de reemplazarlo en la cancha. En la segunda parte, Argentina no pisó el freno y continuó con la búsqueda de otro gol pero nunca llegó. Higuaín fue por más y tuvo su chance pero el remate dio en el travesaño y gran parte del estadio se agarró la cabeza por la chance desperdiciada. Más tarde, Messi tuvo en sus pies otra chance pero en el mano a mano, Courtois fue más e impidió que el ‘10’ anotara en su quinto partido del Mundial.

No hubo tiempo para más. Una vez que sonó el pitazo final del italiano Nicola Rizzoli, la Selección Argentina se envolvió en un festejo eufórico en el estadio Mané Garrincha. Los famosos cantitos de la hinchada se hicieron escuchar y los jugadores se unieron en el festejo. Revoleo de pecheras y camisetas. La felicidad era indescriptible y el pase a la semi era un hecho. Llegaba el turno de enfrentar a Holanda, a Arjen Robben y compañía. Pero habría tiempo para pensar en el seleccionado neerlandés, ahora el turno de celebrar. La maldición de cuartos de final se había eliminado. Ahora. el camino de la Albiceleste comenzaba a ser diferente.