¿Quién diría que el partido entre Banfield y River, por la fecha inicial del Apertura ’93, atesoraría un momento especial para el fútbol moderno? Los debuts en Primera División pueden ser intrascendentes, ordinarios y comunes o pletóricos. La mayoría de las veces, por las sensaciones encontradas del momento, y los factores externos, el rendimiento futbolístico de un debutante se pierde en lo primero y, en el mejor de los casos, alcanza para no desentonar.

Sin embargo, son pocas las veces en que los primeros pasos de un juvenil lo depositan en la cúspide deportiva. Esa élite que está deparada para algunos apellidos y donde, sin dudas, Javier Zanetti es uno de ellos desde aquel día en el que, con la camiseta de Banfield, dejó de ser invisible en el ambiente futbolero. Y pensar que todo comenzó con un 0 a 0 en el Florencio Sola, donde Banfield celebraba su ascenso ante River.

La historia cuenta que uno de los invitados a la fiesta fue un pibe de apenas 20 años, quien había hecho sus primeras armas en Talleres de Remedios de Escalada y que aquel día empezaba a escribir sus páginas doradas con una pelota en los pies, con la manera en la que él sabía hacerlo: el trabajo y el sacrificio como bandera, y su constancia para marcar el surco que trazó en cada cancha donde jugó.

Zanetti y sus años en Banfield, una carrera que comenzaba a despegar desde el Sur

Luego de aquel debut, lo siguieron dos campañas para culminar su paso por el club con 66 cotejos disputados y cuatro goles, lo que sumado a los 33 que partidos -un gol- en Talleres de Remedio de Escalada lo dejaron a un paso del centenar de actuaciones en su tierra. ¡Qué poco se puede disfrutar a los buenos jugadores!

A partir de allí, la historia que lo siguió resulta más conocida. Todo comenzó cuando el presidente de Inter, Massimo Moratti, quedó enamorado con el torneo Panamericano que disputó en Mar del Plata y que culminó con la obtención de la medalla dorada. Luego del mismo, se subió al avión para nunca marcharse de uno de los gigantes italianos. El arribo a Europa se dio junto a Sebastián Rambert (ex Independiente), dentro de un paquete de jóvenes talentos donde se destacaba entre otros Roberto Carlos.

Pero, sin embargo, ni bien puso un pie en su nuevo equipo el entrenador Ottavio Bianchi, quien dirigió a Diego Maradona en Nápoles, no dudó de su capacidad, y mientras Pascualito perdió terreno y el lateral brasileño se marchó al Real Madrid, el pibe nacido en Dock Sud inició su camino en la parte neroazzurra de la ciudad de Milán. Pasaron tres largos años hasta poder festejar un título: la Copa UEFA de la temporada 1997-98, ante Lazio, y con otro compatriota como Diego Simeone en cancha.

La construcción del equipo ganador tuvo en Zanetti a uno de sus pilares. Pasaron dirigentes, compañeros, entrenadores e inversionistas y dueños del club. Sin embargo, la camiseta número 4 y el brazalete de capitán en su brazo izquierdo siguieron siendo suyos hasta el final de sus 19 años de campaña. Poco a poco, y sólo recurriendo a los dedos de los pies, se puede lograr contabilizar sus títulos en una época de dominio interista, sólo comparable a aquellas que también tuvieron Milan y Juventus.

Amo y señor de Inter en sus 19 temporadas con el club: lo fue todo referente, capitán y ahora vicepresidente

Luego de esa lejana UEFA, las conquistas se repitieron en la Copa Italia -2005, 2006, 2010 y 2011-, la Supercopa de Italia -2005, 2006 y 2010-, los Scudettos de 2005/2006, 2006/2007, 2007/2008, 2008/2009 y 2009/2010, la Champions League y la Copa Mundial de Clubes, en un glorioso 2010.

Las marcas de Zanetti se convirtieron en el horizonte a quebrantar para redefinir lo que es triunfar en la entidad lombarda. De esos 99 juegos en nuestro país alcanzó los 861 hasta el adiós que se consumó el sábado 10 de mayo de 2014, por la penúltima jornada de la liga italiana, ante Lazio. El tiempo le dio lugar a la vicepresidencia del club.

Paralelamente, sus años en la Selección lo dejaron con más sinsabores que triunfos, con dos Mundiales en la espalda (1998 y 2002) y dos desafecciones en la máxima cita, además de sus cuatro subcampeonatos entre Copa América y Copa Confederaciones. Injusticias de la vida, que a veces da y otras veces quita.

Máximo número de presencias en la Selección hasta Javier Mascherano. La falta de un título fue su única espina

Claro que además de su obra dentro del campo, y haciendo referencia a aquello que está bien, Zanetti dejó su marca indeleble en el año 2001, mientras la peor crisis económica de la historia nacional arrasaba con el país: Por Un Piberío Integrado, o Fundación P.U.P.I, nació para la protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

El propio Javier, junto a su mujer Paula, conformaron un entramado de entidades que se contacta directamente con la población del barrio “La Traza”, en Remedios de Escalada, partido de Lanús, y que incluye a las villas Primero de Mayo, Tres de Febrero, Los Chaqueños, Villa Talleres y El Tala, para brindar aquellas necesidades que siempre quedan en el debe de los sectores carenciados. Asimismo, en Italia funciona una sede que se destina como soporte de desarrollo para tales fines.

En primer plano junto a su esposa Paula. Detrás la obra que encararon en la Fundación PUPI

Está claro que en estos 25 años mucho cambió en el fútbol y en el mundo. Ha pasado un cuarto de siglo, y el deporte rey mutó al ritmo del fenómeno cultural que representa en estas fronteras, que también entregan una realidad diaria modificada. Sin embargo, el Pupi siempre está.

No obstante, entre todo aquello que cambió desde aquel 12 de septiembre de 1993, hay algo que se mantiene: la categoría de gran leyenda del fútbol, y sobre todo mejor persona, que supo alcanzar Javier Adelmar Zanetti. Sólo nos queda desear que ese día pudiera repetirse como un bucle infinito en el tiempo.

Por Maximiliano Santini.