Tan solo 11 minutos habían pasado. La Unión Soviética atacaba por izquierda: parte la pelota hacia el centro del área y en un intento de despeje se produce la jugada del infortunio. Los gestos de dolor eran de Nery Pumpido, que había chocado con Julio Olarticoechea. Y no era para menos, fractura de tibia y peroné de la pierna derecha que provocó el fin de la participación del uno argentino.

El encuentro estaba empatado y sin goles. La selección de Bilardo debía ganar para no quedarse afuera en primera ronda y, ya sin el arquero titular, había más dudas que certezas.

“Me di cuenta que era una lesión grave porque el arquero no se queda haciendo teatro. La jugada seguía y Pumpido seguía en el suelo. Entré en un córner en contra que no era la mejor situación para agarrar confianza. Después de eso, tapé un bombazo de afuera del área y ahí me asenté.  Perder ese partido que me tocó entrar significaba quedar afuera de la Copa del Mundo”, recuerda Goycochea.

Sin saberlo, inimaginable para muchos, pero lo cierto es que ese momento marcó el comienzo de éxito de un suplente que se puso el mote de héroe para con su equipo. El cotejo finalizó 2-0 para Argentina y la ilusión seguía intacta.

“Goycochea venía muy bien. Entre comillas lo quisieron bajar, le pegaron muy fuerte. Yo lo vi llorar antes del campeonato del mundo”, afirmó Bilardo tras los cuestionamientos al segundo dueño de los tres palos.

No es habitual que los arqueros suplentes tengan la oportunidad de atajar en un certamen tan corto como un Mundial. Sin embargo, el destino jugó a favor de Goyco, que hizo valer, y de qué manera, la elección del técnico de la Selección para que a partir de los duelos siguientes, sea el encargado de defender el arco.

El resto ya es historia conocida. Las deslumbrantes actuaciones del nacido en Zárate llevarían a la Argentina a otra final del mundo. Los dos penales atajados ante Yugoslavia y los otros dos ante Italia establecieron como estrella rutilante a un suplente del que poco se esperaba.

Por Rodrigo Vizcarra.