Hoy en día, resultaría algo totalmente disparatado que un seleccionado de la talla de Argentina se quedara afuera de tres mundiales consecutivos. Más aún, cuesta creer que el motivo fuera político, y no deportivo. Si bien es cierto que por aquel entonces el conjunto nacional no contaba con todos los laureles que hoy lo posicionan entre los planteles más imponentes del planeta, ya era un equipo de sobrada categoría a nivel continental (claro dominador en el palmarés de la Copa América) e incluso había llegado a la final de la primera Copa del Mundo, disputada en Uruguay.

Sin embargo, entre las décadas del ’30 y el 60’, Argentina comenzaría a hundirse en un ostracismo que le llevaría varios años dejar atrás. Luego de Uruguay 1930 e Italia 1934, el conjunto albiceleste pasaría 24 años sin disputar un Mundial. No participaría de Francia 1938 ni Suiza 1954, alegando que debía alternarse la organización entre sudamericanos y europeos. Pero también pegaría el faltazo en Brasil 1950. ¿El motivo? Un viejo conflicto con la confederación brasileña por un amistoso, sumado a la huelga de jugadores y el famoso éxodo de sus figuras rumbo al fútbol colombiano.

A nivel continental, el equipo argentino también comenzó a sumar ausencias: a Brasil 1949, por ese viejo rencor, se sumaron los torneos de 1939 y 1953 (ambos en Perú) por problemas económicos. Sin embargo, la época de vacas flacas no impidió que el conjunto albiceleste llegara a su reaparición en un Mundial como el máximo triunfador de América, habiendo sumado once estrellas hasta el momento. Incluso en las vísperas, las sensaciones parecían muy positivas: aquel seleccionado de Los Carasucias dio cátedra en Perú 1957, despertando todo tipo de elogios. Pero la historia en el plano Mundial sería muy distinta, y Argentina estaba a punto de comprobarlo.

El retorno a la Copa del Mundo se dio en Suecia 1958, después de 24 años. El equipo sufrió las ausencias de Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Enrique Omar Sívori, por aquellos años figura de la Juventus, los máximos exponentes del equipo de la Copa América ganada un año antes. Ese buen pasar a nivel continental y el poco roce con equipos europeos en la previa del certamen terminaron construyendo una confusión que se terminaría traduciendo en vapuleo: debut con derrota 3-1 ante Alemania Federal, triunfo 3-1 sobre Irlanda del Norte y paliza propinada por Checoslovaquia en un 6-1 que terminaría siendo histórico.

Muchos años después, Maschio afirmó: “No fuimos a Suecia porque nunca nos llamaron. Y tampoco supimos jamás el por qué. Creo que podríamos haberle aportado más ritmo, más roce con equipos europeos, más experiencia. Pero nunca sabremos lo que pudo haber pasado”. Por otro lado, Ángel Labruna sentenció: “Fuimos con los ojos vendados, a ciegas. No estábamos preparados ni física ni tácticamente para afrontar tres partidos en una semana”.

Argentina terminó última en su grupo, quedando eliminada en primera ronda. La falta de experiencia, el desconocimiento sobre fútbol europeo y la poca importancia que se le dio a la preparación física terminaron arrojando como resultado el llamado “Desastre de Suecia”. La delegación regresó abochornada a nuestro país y fue recibida en el aeropuerto de Ezeiza por más de 10.000 personas que les propinaron una lluvia de monedas. Guillermo Stábile renunció a su cargo como seleccionador después de casi veinte años.

La situación fue perfectamente retratada por Amadeo Carrizo: “Cuando llegamos al país el avión tuvo que aterrizar en una chacra de Monte Grande para que no nos mataran. Algunos periodistas argentinos que estaban en Suecia le habían pedido a la gente que nos fueran a buscar a la estación aérea con palos y piedras, había mucha bronca, nos querían matar, decían que éramos unos vendepatria. Nadie nos iba a creer que la Argentina carecía de organización y que ninguno de nosotros cobró un solo peso por jugar ese Mundial”.

Por Macarena Álvarez Kelly