Nació en Villa Celina hace 28 años. Su madre, María Elsa, preguntó si podía probarse en Boca y quedó. Ahí fue cuando Carlos Borrello la vio y la citó para la Sub-17 de Argentina. Claro que, antes de ser multicampeona con el Xeneize debió mostrar sus cualidades en la liga masculina del barrio. Jugué desde los cuatro años en el barrio. Mi mamá siempre me apoyó en todo. Las madres de los equipos contrarios me han dicho cada cosa, pero yo siempre me defendía”, abre el relato Santana mientras disfruta de unos mates.

– ¿En qué se basa tu juego? ¿Por qué te destacás?

– Lo primero es defender, soy cinco de marca. Después, la tranquilidad que tengo cada vez que agarro la pelota. Es leer el juego y ser inteligente a la hora de cerrar, marcar y hacer una pausa. En eso soy fuerte, pero por lo que más se sorprende la gente es por la garra dentro de la cancha. En España también me dicen ‘Mascherano’ y me cago de la risa. Me acuerdo una jugada que la pelota quedó picando en el área yo justo salté, me caí y fui a trabar con la cabeza. Desde ahí me conocen por eso. Es mi personalidad.

Comprometida con quienes sueñan con lo mismo que ella, a Vanesa Santana le moviliza la acción social y marca la cancha desde el principio.

“Lo hago porque me sale. No tengo la obligación, pero no puedo ver una chica que esté jugando sin un par de botines. Yo lo viví y es feo no tener el apoyo de alguien, ver felices a esos chicos me hace feliz. A mí nadie me ayudó y no quiero dejar solo a quienes sueñan con jugar. Hay que ayudar al futuro, que son ellos. Me gustaría decir: ‘Yo a esa niña le compré botines cuando tenía 5 años y mirá a dónde llegó’. Eso es lo mejor que me va a pasar en la vida: ver crecer a quien ayudé”.

Vanesa donó botines a las niñas que juegan en Argentinos de González Catán.

– ¿Pensaste en rendirte alguna vez?

– De dejar todo, nunca. Hubo veces en las que dije: “Agarro el bolso y me voy, ¿qué se van a dar cuenta?”.  Me cansaba mucho mentalmente el tema del viaje, el cambio de horario, ver siempre lo mismo y el finde estar en casa y preguntarme qué hago porque tengo que descansar, mañana ya entreno. Lo que más me daba fuerza era el extrañar a mi familia, dejo tanto y me pierdo de mucho que digo si estoy acá que valga la pena, y me mentalizo en que me tiene que ir bien, sino ni me la juego. Quiero crecer y me tiene que ir bien. Se sorprenden, y cuando me preguntan les digo que me juego la vida, que esto es lo mío.

– ¿Cómo llevás el día a día en España?

– Por un lado es difícil y por el otro me gusta mucho. Es otra clase de vida. El fútbol femenino es muy profesional y en todos los clubes ya hay Inferiores. Está la Copa de la Reina que se juega entre semana, hacen todo como los varones. Por otro lado, mi familia vive en Argentina y los veo recién en mayo.

– ¿Qué hacés cuando tenés tiempo libre?

– Nos llevan a colegios a hacer actividades y a contar nuestro sacrificio para que vean el esfuerzo, después jugamos con los chicos y firmamos autógrafos. En el contrato, por ejemplo, dice 20 horas laborales por semana y cuando no se completan hacemos actividades sociales. Se disfruta ese rato. Una vez nos sacamos fotos con perros para que adopten o hicimos publicidades de vino. Siempre hay algo para hacer. Llevamos comida a comedores, todo lo que sirva para ayudar en La Rioja. Se aprende mucho, escuchas historias que te marcan.

En Lima 2019 Argentina se quedó con la medalla de plata, la primera en su historia.

La mediocampista de la Selección Argentina explica a partir de qué momento comenzaron a tener mayor trascendencia: “Después de la Copa América que hicimos el reclamo saliendo en una foto como el Topo Gigio, cambiaron las cosas. Chiqui Tapia nos prometió que íbamos a tener fechas FIFA y que dentro de la AFA nos iban a dar más importancia. Ahí se vio el resultado, aunque si jugábamos más amistosos hubiésemos pasado de fase en el Mundial, por ejemplo. En Estados Unidos ya tienen planificadas las fechas FIFA hasta el próximo Mundial. Nosotros estamos muy lejos de eso”.

 “Es mejor tener buenas personas antes que buenas jugadoras. Para mí, lo más importante es tratar de armar una familia a una selección. El respeto hacia los demás va a ser que lleguemos lejos. Hoy hay un grupo diferente y se nota, cualquiera que entra suma al equipo, nos alentamos entre todas. Ya no hay foto individual, ahora son grupales, esas cosas de unidad se ven. Cambiamos el ego del ‘yo’ por el de todas juntas”, afirma la volante del Logroño español.

– ¿Qué tendría que cambiar en la estructura del fútbol femenino argentino?

– Hoy se ven muchas mujeres jugando torneos, antes era raro ver una mujer jugando al fútbol. Nosotras fuimos quienes hicimos historia, pero la tienen que continuar las jugadoras de acá, ellas son el futuro. No nos sirve que sólo Boca, River o San Lorenzo crezcan porque sino va a seguir el mismo nivel, tiene que ser parejo para todos. Si los clubes piensan que es una obligación tener fútbol femenino, va a ser difícil. Tienen que tener ganas del fútbol femenino y que la gente acompañe. Hay muchos que ni están enterados sobre el fútbol femenino. Tenemos el mejor país futbolero, pero a la vez es muy machista.

 – ¿Cómo se sale de eso?

– Con escuelas de formación, que los clubes tengan Inferiores, que se vea mixto. Que en las escuelas sea obligación el fútbol femenino. Que haya torneos universitarios. En Estados Unidos y Canadá todos los colegios tienen equipos femeninos, hasta fútbol americano mixto tienen.  Cuando estaba en Boca entrena tres veces por semana nada más y los partidos del finde sabias que los ibas a ganar. Me tocó irme a Venezuela y entrenábamos todos los días. Hasta antes de los partidos hacíamos activación y en Boca no sabíamos lo que era.

Luego de los Juegos Panamericanos de Lima, Santana volvió a su barrio con la medalla de plata en el cuello. “Se acercó gente que nunca me dijo ‘hola’. Nunca se imaginaron que iba a salir alguien de acá. Cuando iba a buscar amigas para jugar me decían que yo era mala influencia porque andaba siempre con los chicos. Me acuerdo que iba a buscar a una amiga y la madre me mentía que no estaba y me decía que no quería que esté con su hija, pero yo iba de nuevo a joder ja, ja. Y la primera que me dio un abrazo fue esa mamá. No tengo rencores, pero estoy orgullosa de mí misma, eso me quedó muy marcado. Todo valió la pena”, relata la número cinco.

 

– ¿Tenés algún sueño pendiente?

– Quisiera retirarme en Boca. Estuve 12 años, me formé ahí, era mi casa y lo va a seguir siendo. Seguro voy a volver, pero hoy lo veo muy lejos porque regresar a Argentina sería volver a empezar y yo quiero llegar lo más lejos que pueda. Cada año que pasa aprendo más, me siento más profesional y no quiero volver a ser amateur. Jugar en La Bombonera, es el único sueño que me queda pendiente. Si es para jugar en Casa Amarilla no vuelvo nada ja, ja, ja.

 

Por último, Santana reflexiona: “Se me cruzan muchas cosas. Me gustaría estar metida en los procesos de formación de juveniles en algún club. Cuando me retire, evaluaré. Hoy sigo pensando como jugadora y quiero seguir creciendo”.