¿Cuántos tenistas hemos conocido que fueron operados por inconvenientes de salud y nunca más pudieron volver a su mejor nivel? Ejemplos argentinos de ello son David Nalbandian y Guillermo Coria, que supieron estar dentro del Top Ten pero nunca más lograron recuperarse. Sin embargo, existen esos que poseen algo que los diferencia del resto, que a pesar de las adversidades, se hacen más fuertes que nunca. Uno de ellos es Juan Martín del Potro, que hoy está cumpliendo 29 años.

El tenis argentino guarda en la memoria a muchos jugadores que han estado dentro de la élite en su época. Algunos mejores que otros. Y sin dudas, Del Potro se encuentra en los primeros puestos. Ganador del US Open en 2009, número 4 del mundo en 2010 y 2014, medalla de bronce y plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016 respectivamente, y la figura del equipo al conseguir la Copa Davis en 2016, son los hitos más importantes de su carrera. ¿Cómo comenzó todo?

Nació en Tandil el 23 de septiembre de 1988. Sus padres eran simples trabajadores. Siempre lo apoyaron en todo lo que se proponía. A los siete años comenzó a practicar tenis en el Club Independiente de su ciudad. Su primer entrenador, Marcelo “Negro” Gómez, aseguró que supo que sería un crack apenas lo vio: “Juan Martín jugaba en la casa, una mañana llegó al club, le empezó a pegar contra la pared y dije ‘éste es un crack’. Cuando comenzó a jugar los primeros torneos noté que era distinto. Cuando tenía 10 años, y ya estaba más formado, jugaba con chicos de 12 y en algunos torneos hasta con algunos de 14. Lo ponías a jugar contra un pibe que le llevaba cuatro años y lo hacía de igual a igual, ahí te das cuenta”.

Su papá lo acompañó a cada torneo que podía, a lo largo de todo el país. Ya cuando le tocó viajar por el mundo, a los 12, el Negro se encargó de acompañarlo: “En el 2000, cuando mi hija tenía diez días de vida, la dejé sola con mi mujer, sin dinero, y me fui con Juan Martín a un torneo junior a Sudáfrica. O sea, había que tomar decisiones duras. Y en ese momento para el entrenador no es redituable, comienza a serlo cuando el jugador se mete entre los 100 mejores del mundo, algo realmente muy complicado. Es cierto que en Juan Martín tenía un diamante en bruto, pero igual fue una apuesta grande”, comentó Marcelo en una entrevista con El Eco de Tandil.

A través de la obtención de títulos en Futures y Challengers, Delpo fue escalando en el ranking, logrando ubicarse 92 del mundo al finalizar el 2006. Al año siguiente, finalizó 44 en el ranking. Había conseguido triunfos muy importantes, entre los que se destaca su primera victoria ante un Top Ten, el entonces N° 9 Tommy Robredo.

Su primer título ATP lo consiguió en 2008, año en el que cambió de entrenador y contrató a Franco Davín. Ese campeonato vino acompañado de tres más. Los cuatro torneos ganados ese año fueron Stuttgart, Kitzbühel, Los Ángeles y Washington. Los dos primeros sobre polvo de ladrillo y los otros dos en cancha dura, convirtiéndose en el primer jugador en la historia en ganar sus primeros cuatro títulos de forma consecutiva.

En 2009 ocurrió lo que todos sabemos, levantó el trofeo de campeón del Abierto de Estados Unidos dejando en el camino a leyendas como Rafael Nadal y Roger Federer. Justamente, Marcelo Gómez recordó una curiosidad respecto a ello: “En una charla que tuvimos cuando él era muy chico yo le pregunté sobre su Grand Slam favorito y me dijo: ‘Tengo dos objetivos, ganar el US Open y ser número 1’”. Ya en 2010, el 11 de enero Del Potro consiguió su mejor puesto al lograr ubicarse cuarto, detrás de Federer (1°), Nadal (2°) y Djokovic (3°). Sin embargo, lo que parecía que sería su mejor año, terminó con una operación en su muñeca derecha, y lo relegó al puesto 258, con sólo tres torneos disputados y un balance anual de tres victorias y tres derrotas.

Así lo recibió Tandil tras ganar el Us Open. / Getty Images.

Tras una recuperación física, en 2012 pasó por uno de los mejores momentos de su carrera: la obtención de la primera medalla para Argentina en tenis individual masculino en un Juego Olímpico, que fue de bronce tras vencer al entonces número uno Djokovic, y batallando en semis ante Federer por casi cuatro horas y media. Finalizado el partido para entrar al podio, el tenista olímpico declaró: “Es difícil hablar, es impresionante. Hoy, lloro de felicidad. No sé cómo salí a jugar hoy, no entiendo nada. Lo que más contento me pone es que la Argentina tenga una medalla. Antes de venir acá dije que sería histórico ganar una, hoy la tengo conmigo y nadie me la va a sacar. Después de tres años, vuelvo a hacer historia”.

Si bien alternó meses de actividad e inactividad por diferentes problemas de salud, Juan Martín tuvo momentos de muy buen juego y logró volver a ubicarse dentro de los mejores 10 del mundo a fines de 2013, consiguiendo nuevamente su mejor posición (4) a principios de 2014. A pesar de que parecía que sería su año, el físico le volvería a jugar una mala pasada.

En 2015, La Torre volvió a su ciudad natal para la rehabilitación de su muñeca izquierda, por la que debió operarse tres veces. Tras volver a trabajar con él, Marcelo Gómez expresó: “Me puso muy contento que Juan Martín volviera a Tandil para entrenarse, porque desde que se fue a Buenos Aires cuando dejó de trabajar conmigo y fue a hacerlo con Franco Davín, no volvía a practicar acá. Con el revés recién empezaba a tocar la pelota. Hasta empezamos jugando con una de baja presión”.

Lamentablemente es común que, tras largos meses sin acción, el tenis te dé un cachetazo y te haga replantear tu continuidad en el ranking mundial. Inevitable fue que la mayoría del público imaginara ese tristísimo final para la carrera del gran Juan Martín del Potro, al ver lo sucedido con su maldita muñeca izquierda y tras estar tres años sin conseguir títulos ATP. Pero Delpo demostró que aún no está muerto quien pelea.

Después de innumerables meses sin jugar, y aún hasta el día de hoy con pequeñas molestias en su muñeca que le impiden rendir al 100% con su revés, se presentó en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Luego de vencer en primera ronda al entonces número uno del mundo Djokovic y en semis al N °5, Nadal, perdió en una batalla épica ante el segundo del ranking, Andy Murray, pero consiguió mejorar su bronce de Londres 2012 para gritar bien fuerte que La Torre estaba de pie. Ese año fue el regreso soñado. Además de la medalla en Río, consiguió el ATP 250 de Estocolmo y ganó la tan ansiada Copa Davis que tantas veces se escapó, dando señales de que todavía le quedaba mucho hilo en el carretel.

El abrazo interminable con la tan esperada Ensaladera. / Getty Images.

El 2017 no arrancó como hubiese deseado, ya que estuvo acompañado de muchas derrotas en fases iniciales de torneos importantes. Dejó ir oportunidades que sólo alguien como él puede darse el lujo de hacerlo y sin embargo volver más fuerte que nunca. Porque eso es lo que sucedió, se dejó ir pero, cuando recuperó la motivación, volvió. Y qué mejor escenario para volver que su amada Nueva York, esa que en 2009 lo vio pasar su mejor momento al ganar su primer y único Grand Slam (hasta ahora). Del Potro no era favorito, pero recuperó su mejor tenis y venció en octavos a Dominic Thiem, tras perder por paliza los dos primeros sets y sufrir un estado gripal. Le tocaba enfrentar nuevamente a Federer, esta vez en cuartos, con el condimento de que el suizo buscaba volver al número uno en el US Open. Cualquier razonamiento daba por ganador a Roger, sin embargo los talentosos destrozan los análisis, y Juan Martín del Potro es uno de ellos, por eso pudo liquidarlo en 4 sets. Del otro lado esperaba Rafael Nadal para poder pasar a la final de un Grand Slam -en 2009 también había enfrentado al español en semifinales. Esta vez, el mallorquín sacó a relucir todo su arsenal y le quitó la esperanza al argentino de volver a conseguir el Abierto de Estados Unidos.

A pesar de no alcanzar el final deseado, la vida le dio a Del Potro una nueva oportunidad en el tenis. Esa oportunidad es todo un 2018 para volver a ser, un hermoso desafío para uno de los mejores tenistas argentinos de la historia.