El oro olímpico en Atenas 2004, el bronce en Beijing 2008, cuatro franquicias distintas en la NBA y una de las carreras más gloriosas en la historia del baloncesto argentino. Resumido, casi parece poco. Y en cierta forma, lo es. Para Carlos Delfino, el básquet no es una carrera mensurable mediante títulos, datos o promedios de puntos por partido. Para el santafesino, el básquet es una vida.

Suena ilógico afirmar que el punto épico de la carrera de Delfino llegaría ocho años después de anotar 20 puntos y bajar 10 rebotes en la victoria de Argentina sobre Lituania (87-75), que significó aquél bronce en Beijing. Sin embargo, la realidad es que su retorno a la actividad deportiva, tras ocho operaciones y cuatro años fuera de las canchas, escapa a cualquier lógica.

“Me siento vivo de nuevo”, es la primera frase que salió de su boca, suficiente para explicar el por qué de su persistencia en pos de volver al básquet. Tras haber formado parte -inesperadamente- de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Delfino acordó su arribo a Boca, club que deberá disputar un play-out ante Echagüe (de Entre Ríos) para evitar descender de la máxima categoría del básquetbol argentino: la Liga Nacional.

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La transición de operaciones, rehabilitaciones y consultas médicas a una temporada ‘normal’ como parte de un equipo fue difícil, pero el alero buscó la forma de disfrutar de todo el proceso. “Quiero divertirme al máximo, después de todo lo que pasó no sé cuándo puede llegar a ser el último partido. Día a día voy mejorando: al principio podés pensar que todo vuelve rápido, pero hay que estar. Mentalmente ves cosas, pero físicamente no las podés hacer. Estoy contento porque voy dando pasitos para adelante”, le expresó a Gol de Vestuario.

Tal como sucede con las grandes figuras del deporte, se tejieron varias opiniones y conclusiones acerca de lo que implicó su regreso al país, priorizando la LNB por sobre otras competencias internacionales. En este punto, Delfino analizó el nivel con el que se encontró: “Podría haber estado en otro lugar, pero elegí venir a vivir la Liga Nacional. Acá se juega distinto, a otro roce, con jugadores de buen nivel y entrenadores muy capaces”. Además, enfatizó: “Nadie influyó en mi decisión. Lo familiar tira, pero la decisión es personal. El que se mete a la cancha soy yo”.

Cerebral, como casi todos los miembros de la Generación Dorada. El adjetivo describe a la perfección a Cabeza, un jugador que se reinventó. Desde aquel perimetral atlético y frenético a un tirador de élite, logrando una producción que lo dejó en compañía de los mejores lanzadores de la NBA. “Me encantaría tener 21 años de nuevo y tocar el aro con la cabeza. Lo hice a esa edad y después a los 25 no llegaba más, pero empecé a tirar de más lejos y mutar mi juego de más penetrador a más tirador. Siempre traté de hacer un poco de todo y quizá hoy eso me ayude a no perder el foco después de tanto tiempo sin jugar”, afirmó.

La pregunta que prima por sobre las demás es por qué. Por qué someterse a ocho cirugías después de haber conseguido prácticamente todo lo que un basquetbolista puede pretender. La respuesta es tan simple como efectiva: amor. “La realidad es que amo mucho este deporte y nunca pensé en abandonar. Tengo compañeros que mandan cartas y se retiran con conferencias y me parece bárbaro. Yo amo mucho este deporte como para dejarlo ir. Con todo lo que me pasó me doy cuenta de eso. Me va a costar decir que soy un exjugador. De alguna manera voy a estar ligado, voy a tratar de ponerme los pantalones cortos y entrar a la cancha”, manifestó en un tono de determinación incuestionable.

Delfino en GDV 2

El 9 de enero, Pablo Prigioni. Hace algunas semanas, el anuncio -vamos, que todavía le quedan unos partidos más- de Andrés Nocioni. Pocos días atrás, una entrevista esclarecedora de Luís Scola, quien declaró estar cerca del retiro, pese a no haber dado indicio alguno. Manu Ginóbili, aún vigente con San Antonio Spurs en los Playoffs, pero decididamente más cercano al ocaso que al amanecer.

Está claro que la Generación Dorada está viendo sus últimos días. Río 2016 representó, al menos para Ginóbili y Nocioni, la despedida de la Selección. Para sorpresa de todos, Delfino volvió a compartir un torneo con sus tres amigos, al igual que con un técnico especial para su carrera. “Los JJOO significaron mucho desde lo personal, y desde la experiencia de volver a estar con personas que quiero y admiro tanto como Manu, Chapu, Luis y Sergio (Hernández). Haber jugado cuatro Juegos era algo que jamás me hubiese imaginado. Haber estado esos últimos cinco minutos contra Estados Unidos, con el partido ya terminado, es algo que me queda muy grabado y me toca un montón”, comentó.

Según Ángel Cerisola, su representante en el país, hoy se cumplen cuatro años de la primera operación a la que se sometió el Lancha. Ni él mismo sabe si ese dato es certero, reveló antes del inicio de la entrevista. A modo de respuesta, mencionó que prefiere mirar hacia adelante, sin concentrarse demasiado en el pasado, pero recordando siempre las adversidades que debió sortear. “No extraño para nada esos cuatro años. Justamente, son el combustible que me mueve hoy”, sentenció. Es que, a veces, el deporte no se comprime a datos fríos. Ni a medallas, ni a operaciones. Se trata de sentir, de disfrutar. De vivir.