Aquel jueves la atención del mundo del fútbol se centró en el Estadio Monumental. 55 mil almas (quizás más) coparon la cancha de River para abrir una serie que una semana después se iba a terminar. River y Boca se volvían a cruzar en una copa tan sólo seis meses después de la Semifinal que el Millonario le ganó al Xeneize en noviembre de 2014, para finalmente obtener la Copa Sudamericana.

Boca buscaba revancha, con la sangre en el ojo por la eliminación reciente a manos del rival de toda la vida. River iba por la revalidación de la autoridad, respirando luego de haber pasado a Octavos de Final agónicamente por la ventana. Ambos se jugaban el semestre, o más, y en el césped se notó. Fricción, nerviosismo, tensión. Igual que en las tribunas, donde todo era especulación.

Un partido con pocas situaciones, muchas patadas y no mucho fútbol. Recién a los 80 minutos de juego, un pase al medio de Fernando Gago interceptado por Matías Kranevitter terminó en la jugada clave del encuentro: pelotazo cruzado del 5 para Pity Martínez que superó a Leandro Marín y fue derribado. Delfino marcó penal y el Monumental estalló en un grito de guerra. Desde los 12 pasos, Carlos Sánchez lo convirtió en gol, para que River vaya más tranquilo a La Bombonera a la semana siguiente.

Con la mínima diferencia a favor, pero ventaja al fin, River se propuso jugar con pierna fuerte y la desesperación del rival, que veía cómo los minutos pasaban y no podía igualar la serie. Sólo un remate al arco por parte del equipo local y no mucho más en los primeros 45 minutos jugados en La Boca. Primeros y únicos en aquella noche de mayo. Lo que pasó después fue una mancha negra más en la historia de los Superclásicos.

Un grupo de hinchas Xeneizes, liderado por Adrián Napolitano, alias Panadero, se encargó de que la segunda etapa no comenzara. Mediante el uso de un aerosol rociaron con gas pimienta la salida del túnel del vestuario visitante que daba a la manga por la que salían los jugadores al campo de juego. Leonardo Ponzio, Matías Kranevitter, Ramiro Funes Mori, entre otros, fueron quienes más sufrieron el ataque.

Tras una hora de espera, y con varios jugadores de River afectados, la CONMEBOL dio por suspendido el encuentro y días después descalificó a Boca del certamen internacional. El 14 de mayo de 2015 quedó marcado como un día negro en la historia del fútbol, donde los violentos arruinaron la fiesta de la pelota.

Por Julian Pernicoli.