A lo largo de la historia de Boca Juniors, han pasado muchos jugadores que se convirtieron en ídolos. Y si hacemos referencia a esa palabra en particular, rápidamente se nombrará a Juan Román Riquelme, multicampeón con el Xeneize y actual vicepresidente segundo, tras haber triunfado en las últimas elecciones que se dieron hace algunos meses. En toda su carrera y especialmente en su paso por el club de la Ribera ha dejado una huella importante y además algunos episodios históricos, como aquel que sucedió durante los primeros días de abril del 2001.

Llegaba la décima fecha del Torneo Clausura y los nueve partidos restantes iban a quedar opacados por una nueva edición del Boca-River, el clásico que paraliza a todo el país. Luego de haber obtenido varios títulos como la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental ante el poderoso Real Madrid, el equipo de Carlos Bianchi se medía en La Bombonera ante los dirigidos por Américo Gallego, donde se encontraban varias figuras como Ariel Ortega, Javier Saviola, entre otros.

Sin embargo, el plato fuerte de la jornada no estaba en el enfrentamiento entre ambos equipos, sino que aparecía un factor extra: la relación de Riquelme con Mauricio Macri, presidente del club por ese entonces. En aquellos años, el mediocampista era uno de los mejores futbolistas de esa época con tan solo 22 años y después de su gran actuación en Japón ante Figo y compañía, varios clubes se frotaban sus manos para adquirir sus servicios. Entre ellos se encontraba Barcelona, club al que tuvo otras figuras como Yohan Cryuff, Diego Maradona, y al que iba a tener en un futuro cercano a un tal Lionel Messi.

El conjunto culé había mostrado su interés por JRR pero desde la dirigencia azul y oro ponían algunos palos en la rueda en la negociación. Sumado a esto, el jugador recibía algunas negativas en cuanto a un aumento salarial y algunas mejoras contractuales, acordes al nivel que mostraba todas las semanas a nivel local e internacional. Sin embargo, no iba a quedarse de brazos cruzados y minutos después iba a suceder lo que nadie esperaba en el desenlace del clásico ante el Millonario.

Héctor Baldassi marcaba el inicio del partido y con el correr de los minutos, el marcador no iba a modificarse hasta el segundo tiempo. Los primeros 45’ tenían una superioridad local a pesar de la paridad en cero que se daba en Brandsen 805. Ambos equipos regresaban de los vestuarios y el segundo tiempo se ponía en marcha. El cronómetro no se detenía y llegando a los 21’, Hugo Ibarra capturaba un rebote y con un remate certero marcaba el primer gol de la jornada. Minutos después iba a llegar el hecho histórico, falta a Marcelo Delgado en el área y penal para Boca.

Ante esta situación, Riquelme tomó la pelota y se hizo cargo del remate. Las cámaras tomaron al futbolista con la “10” en la espalda y al presidente del club, presente en el estadio. Tomó

carrera, Román ejecutó el penal y el remate era atajado por Franco Costanzo, el arquero daba un rebote y allí el mediocampista no perdonó. Con un cabezazo certero, el Xeneize se ponía 2-0 y el habilidoso jugador fue rápidamente hacia el centro del campo de juego. Se paró frente al palco presidencial y puso sus manos detrás de las orejas, como un símbolo en señal de reclamo hacia el mandamás de la institución.

La popular, la platea, los palcos, todos deliraban y observaron la celebración del Diez, el gesto que quedó inmortalizado y el momento más emblemático entre ambos –presidente y futbolista-. El ‘Diez’ había dejado asentada su posición y una vez finalizado el encuentro, que culminó 3-0 con el gol de Guillermo Barros Schelotto, explicó ante el público el motivo de su festejo. Con cierta astucia y gambeteando con sus palabras, soltó: “Es una homenaje a mi hija, le gusta Topo Gigio”, describiendo a aquel histórico personaje infantil, pero la historia es conocida por todos, y que el destino tenía otro objetivo. Un gesto que quedó grabado para la posteridad, que marcó un antes y después y que hoy en día se puede observar en varios colegas suyos, rindiendo homenaje a uno de los grandes ídolos boquenses.