En la ciudad costera de Christchurch, hogar de los Crusaders, el local logró sumar su décima estrella y tercera en fila luego de 80 minutos donde ratificó el por qué de tantos pergaminos. Por otro lado una verdadera lástima el traspié de la franquicia argentina, que igualmente vivió una temporada de ensueño con trece victorias sobre 19 presentaciones.

Desde el control que ejerció con el scrum, la presión defensiva y el oficio para aprovechar las chances contadas en ataque que otorgó la final, Crusaders justificó el triunfo ante Jaguares. Sin dudas el XV de Gonzalo Quesada -en su primera temporada al mando- llegó a una merecida definición por mérito propio y se mantuvo en partido durante la fría noche neozelandesa.

En el aspecto defensivo los argentinos supieron controlar a su rival que, lejos de golear como acostumbradamente lo hace, debió conformarse con un solo try por medio de Codie Taylor luego de una presión alta sobre Joaquín Díaz Bonilla (puso los únicos puntos con un tempranero penal) que derivó en la corrida de Sam Whitelock y el pase al hooker para facturar.

Iban 24 minutos del primer tiempo y ese sería la única y última visita al in goal en la noche de Christchurch. Sobre el cierre de esa etapa la respuesta de Jaguares pudo ser letal por medio de Matías Moroni, sin embargo un tackle in extremis del medioscrum Bryn Hall dejó sin nada a quien hoy formó como wing.

Poco a poco la brecha se abrió por medio del eficaz apertura Richie Mo’unga, quien no falló ninguno de sus envíos a los postes para sumar cuatro penales y la conversión al try de Taylor.

En el complemento otra corrida de Moroni no pudo ser capitalizada por poco en las manos de su tocayo Orlando. Una verdadera lástima y una muestra más de que las finales se definen por detalles, y en ese apartado el local verdaderamente no falló.

De cara al cierre los cambios de Quesada para renovar la conducción con Felipe Ezcurra y Domingo Miotti, y renovar piernas en los forwards, dieron otros bríos pero no revirtieron lo que ya era cosa juzgada. Igualmente nada que reprocharle al combinado de la UAR, que apenas con cuatro años de vida se plantó de igual a igual ante el mejor equipo del mundo y muy lejos de casa. Sin dudas ya habrá una merecida revancha.