En un Principality desbordado por más de 60 mil espectadores de ambas parcialidades, Gales e Inglaterra salían a la cancha para dar inicio al segundo encuentro de la tercera fecha del Seis Naciones. Además de tener el clima particular de un clásico, gran parte del atractivo del partido estaba dado porque el ganador tendría casi allanado el camino al campeonato al tratarse de los únicos dos equipos que permanecían invictos.

Sin embargo, pese a que sendos conjuntos acumulaban dos victorias en dos jugados, aunque la Rosa contaba con dos puntos más por haber obtenido bonus ofensivo frente a Irlanda y Francia, sus realidades eran diferentes. El Dragón no se había mostrado tan sólido en sus presentaciones anteriores contra Francia e Italia, el rival más débil del torneo, a diferencia de los visitantes que dominaron a Irlanda y humillaron a Francia.

Los primeros 40 minutos de Inglaterra fueron un calco de sus primeras dos presentaciones: hacerse fuerte a partir de la defensa, usar excesivamente el pie para arrinconar al rival y hacer lento cada ruck del adversario. Pero, por primera vez en este Seis Naciones, enfrente tuvo a un fullback nato como Liam Williams a diferencia de Henshaw y Huget, wings de Irlanda y Francia respectivamente. Esto redujo el efecto de los kicks de Owen Farrell ya que, después de un arranque dubitativo, Williams respondió a la perfección.

Por el lado de Gales, la falta de respuesta ante dura la defensa inglesa hizo que retrocediera varias veces con la pelota en mano y tuviera que recurrir al pie de Gareth Anscombe para descomprimir. Los constantes tackles dobles, un jugador a la cadera y otro a las manos para evitar un offload, y las maniobras para ralentizar los rucks dejaron a los locales con pocas opciones en ataque.

Así fue como hubo un solo try en el primer tiempo, que provino de un agujero que explotó Tom Curry ante la falta del poste derecho en un ruck galés que lo dejó solo de cara al ingoal. Con la conversión de Farrell y un penal por cada lado, el marcador al entretiempo era de 10 a 7 a favor de Inglaterra.

En la segunda mitad, los ingleses parecían más centrados y con un mayor dominio del partido. Sin embargo, esta situación duró poco debido a las infracciones que la Rosa cometía, que le permitían a Gales respirar y posicionarse en campo contrario de manera gratuita.

Pese a esto, Farrell estiró la ventaja a seis puntos aprovechando el segundo penal del partido en perjuicio de su equipo, con el que obligaba al Dragón a tener que apoyar un try para pasar adelante en el marcador.

Después de intentar numerosas veces y chocar contra la defensa rival, Gales llegó al ingoal de Inglaterra. Varios pick and go que comprimieron la defensa inglesa, Dan Biggar jugó una ventaja por offside que terminó en el try de Hill en el otro extremo de la cancha.

Esto no fue suficiente para el elenco local ya que sólo tenía una ventaja de seis puntos. Así fue como Biggar cruzó un kick que Josh Adams controló en dos tiempos ante la marca de Elliot Daly para poner el 21-13 final en el marcador.

Con el pitazo final, Gales consiguió su tercera victoria al hilo en este Seis Naciones, la decimocuarta entre este torneo y amistosos, mientras que Inglaterra cayó a la segunda posición a dos puntos del Dragón al no haber obtenido el bonus defensivo.