Sin dudas fue un duelo vibrante, disputado y, con el pitazo del juez Glen Jackson, histórico por el triunfo de Jaguares luego de soportar el asedio rival de un coloso como Chiefs que nunca le permitió a la franquicia nacional sentirse en plena confianza. Finalmente, y como es habitual en el alto nivel, fueron detalles los que decidieron el pleito y en ese contexto Jaguares sacó un plus decisivo.

Fue palo a palo, con plena disputa entre dos equipos que animaron la fase de grupos y que claro está no defraudaron en un José Amalfitani con un buen marco de público posibilitado por el momento de los dirigidos por Gonzalo Quesada, que saben contagiar en cada tackle y cada try y que llegaban a este pleito con cinco triunfos en fila.

Desde el pitazo inicial de Jackson (quien curiosamente supo jugar en los Chiefs) quedó claro que la intensidad sería total y, aunque ni bien se inició el juego Pablo Matera logró superar la línea de sentencia para apoyar en el in goal, el escenario distaba muy lejos de presagiar un trámite sencillo. Así fue que la visita respondió sobre los 20 cuando el escurridizo medioscrum Brad Weber se filtró para servir en bandeja la conquista al tercera línea Lachlan Boshier.

Y aunque el propio Matera pudo estirar la ventaja antes del try kiwi, poco a poco el protagonismo del juego se volcó al equipo visitante que antes del descanso pasó al frente con un envío de Jack Debreczeni. No obstante el apertura debió abandonar la cancha en su mejor momento y con la reanudación de cara al complemento. El ingresado Marty McKenzie, hermano de Damian, se mostró certero y estiró diferencias para la máxima de 16-8 en favor de Chiefs.

El entrenador Gonzalo Quesada, pensativo en la soledad habitual de su palco, buscó renovar una primera línea víctima del poderoso scrum de los kiwis y mandó a la cancha a Julián Montoya y Enrique Pieretto. Minutos después y luego de un line un espacio se abrió por el ciego y el incansable Matías Moroni atacó el hueso para filtrarse y apoyar casi en el centro de la cancha, pese al golpe del octavo Pita Gus Sowakula que mereció amarilla.

A partir de allí usufructuar cada error de cara a los postes fue prioridad y Joaquín Díaz Bonilla acertó dos envíos claves para revertir la historia y fijar el 21-16 que cerró la noche en Liniers. Claro que la fría cronología no refleja la brava defensa que llevó a cabo Jaguares, apelando a la disciplina pese a verse acorralado por una franquicia que pese a su historia y a los All Blacks que tenía en cancha no logró imponerse.

Finalmente el pitazo de Jackson decretó el merecido pasaje a las semifinales, donde Jaguares como segundo mejor del torneo recibirá a Brumbies de Australia y Sharks de Sudáfrica, rival que se decidirá mañana sábado. ¿Y ahora por qué no soñar con más?