Boca y River son los equipos más importantes de Argentina, de eso no hay duda. A un jugador siempre le seduce la idea de llegar a uno de estos clubes, y ni hablar cuando son jóvenes y aún sueñan con ser futbolistas profesionales. Por esta razón, las inferiores de ambos están llenas de promesas de todo el país y del extranjero, deseando debutar en Primera y conseguir la titularidad. Pero esto no está sucediendo.

En los últimos años, los jugadores de las inferiores utilizados para suplantar a un titular de Primera por una venta, una lesión o simplemente por bajo rendimiento, son contados con los dedos de las manos. Y esto no sucede únicamente en los dos grandes, sino en todos los clubes de Argentina.

Existen innumerables ejemplos de jugadores que lograron debutar en la máxima categoría y luego desaparecieron. Uno es el caso de Gonzalo Maroni, el pibe de Boca de 18 años, que debutó como titular en la fecha 22 del último campeonato ante Arsenal de Sarandí. El cordobés la rompió, hizo su primer gol y el Xeneize ganó 3-0. ¿Qué sucedió con él? Luego de ese debut soñado en la Bombonera, apenas jugó los últimos 20 minutos ante Huracán cuatro fechas más adelante. Además, al comprar a un jugador como Edwin Cardona, nuevo 10 del equipo, el juvenil posiblemente no salga más del banco.

Un caso menos conocido, ocurrido en River, fue el de Franco López. Un chico categoría ‘98 que debutó por los 32avos de final de la Copa Argentina ante Liniers (BB), en 2015. Lo apodan Dinho por su parecido tanto físico como futbolístico al crack brasileño. Prometía, pero esa estrella se fue apagando hasta quedar en el olvido. Jugó apenas tres partidos en Primera, sin destacarse.

Situaciones como las de Maroni y López hay muchas. Otro camino para estos jóvenes es ir a préstamo a equipos de menor jerarquía para buscar continuidad, soñando volver bien a su club. Franco Cristaldo, que pasó a Defensa y Justicia, Tomás Pochettino, volvería también al Halcón, y Nicolás Benegas, que pasó a San Martín de Tucumán, son jugadores de Boca que fueron cedidos y regresaron al club en este mercado de pases, pero para seguir jugando, debieron buscar otro club temporal. En River sucede lo mismo: Federico Andrada (pasó a Vélez), Maximiliano Velazco (pasó a Arsenal) y Juan Cruz Kaprof (volvería a Defensa y Justicia) debieron establecer nuevos rumbos por la falta de lugar.

¿A qué se debe que los surgidos de las inferiores no puedan afianzarse en la Primera? La capacidad futbolística la tienen, pero el problema está en que los equipos no les dan el lugar ni la confianza para que se acostumbren y se adapten a la máxima categoría. Prefieren salir a gastar dinero en el pase de un jugador antes que esperar y formar a un pibe de la Reserva, que además es parte del capital del club.

La exigencia que tienen las instituciones de realizar una buena campaña genera que estos juveniles, ante la falta de madurez, no tengan el respaldo necesario para afianzarse en el primer equipo. Al mismo tiempo, no quieren darles toda la responsabilidad; buscan que vayan paso a paso, esperarlos a que les llegue su momento y exploten todo su potencial.

Hay casos extraordinarios recientes como los de Lucas Martínez Quarta (River, oferta de Sampdoria rechazada) y Rodrigo Bentancur (recientemente vendido a Juventus), que muestran personalidad en la cancha como si tuvieran mucha experiencia. Son jugadores que surgieron de las inferiores y que se consolidaron en el once titular. Pero son situaciones fuera de lo común.

En resumen, la ausencia de juveniles en la Primera no es una cuestión con culpabilidad personificada, sino que es una suma de aspectos que llevan a retrasar la afirmación como titular de un chico proveniente de las inferiores, que van desde la falta de temperamento para resistir las exigencias, hasta la preferencia por parte de los clubes de jugadores con trayectoria.

La realidad es que, si bien las oportunidades existen, cada vez es más difícil cumplir el sueño.