Quizás sea una de las eliminaciones más recordadas por el pueblo argentino, teniendo en cuenta el contexto, el lugar y las posibilidades netas de haber vencido. Alemania aún no comenzaba su proceso de reestructuración futbolística con Joachim Löw (en ese entonces ayudante de campo de Jürgen Klinsmann) y solo tenía el peso de ser local. En cambio, la Selección Argentina dirigida por José Pékerman, llegaba afilada al encuentro de Cuartos de Final con buenas presentaciones en aquella Copa del Mundo y con un plantel de renombre.

El encuentro comenzó favorable para la Argentina en todo sentido: a los tres minutos, con una jugada preparada en un tiro de esquina, Roberto Ayala estampó el 1-0 luego de un magnífico centro de Juan Román Riquelme. El encuentro fue manejado al ritmo que quisieron el 10 y el entrenador Pékerman. Pero a los veinte del segundo tiempo todo comenzó a oscurecerse. Roberto Abbondanzieri chocó con Miroslav Klose y debió salir del campo, reemplazado por Leonardo Franco, con un fuerte dolor en el estómago. Quince minutos después, tras un centro de Michael Ballack, apareció Klose y marcó el 1-1 que forzaría el tiempo extra y luego los penales.

Y lo más recordado: el técnico argentino decidió poner a Julio Cruz y no a Lionel Messi en el alargue para ir a buscar el partido. Para muchos fue un gesto de cuidado para no exponer al entonces joven delantero del Barcelona. Otros, sin embargo, aún no pueden perdonar al actual DT de Colombia.

El desenlace decantó en Lehmann y los papelitos, una historia conocida por todos. Por las dudas, la recordamos: el arquero alemán, de osada trayectoria en el fútbol de elite, tuvo durante toda la tanda de penales un trozo de papel en su media izquierda donde tenía anotado el lugar donde solían patear los jugadores argentinos. No se equivocó en ninguno de los cuatro disparos. Los adivinó todos. Atajó dos -Ayala y Cambiasso- y catapultó al local hacia semifinales.

Por Julián Pernicoli.